El presidente saliente del BCE, Jean-Claude Trichet, comparece hoy ante una comisión de la Eurocámara en pleno debate sobre la urgencia y la necesidad de llevar a cabo una segunda ronda de recapitalización de la banca en Europa.

Trichet, que ya se ha despedido del Parlamento Europeo como máximo responsable del Banco Central Europeo (BCE), comparecerá ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara en calidad de director del Consejo Europeo de Riesgo Sistémico (CERS), en un momento crucial para el futuro de la banca y la eurozona y cuando hay ya un acuerdo entre los líderes de que es absolutamente necesaria una nueva capitalización bancaria.

La crisis de la deuda y especialmente la exposición de la banca europea a los bonos griegos, se ha cobrado ya la primera víctima, el gigante franco-belga Dexia, que tiene que ser rescatado por segunda vez desde 2008 por los Estados belga, francés y luxemburgués.

La caída de Dexia ha encendido todas las alarmas en las capitales europeas, que han encargado a la Autoridad Bancaria Europea (EBA) que determine los elementos y las variables de una nueva recapitalización para evitar un efecto dominó en el sistema financiero y especialmente en los bancos de importancia sistémica.

También la Comisión Europea presentará en los próximos días sus planes para una recapitalización.

Después de que el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, aplazara al 23 de octubre la próxima cumbre de líderes de la UE y de la eurozona, los mandatarios tienen más tiempo para perfilar los detalles, sobre todo acerca de si se capitaliza toda la banca o sólo los más sistémicos y si se recurre al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) en primer o último lugar.

El Consejo Europeo de Riesgo Sistémico alertó a finales de septiembre de que "han aumentado considerablemente los riesgos para la estabilidad del sistema financiero de la UE" desde su anterior reunión, a finales de junio.

El consejo general de este organismo de vigilancia dijo que las principales amenazas provienen de los posibles efectos adversos entre los riesgos de la deuda soberana, la vulnerabilidad de financiación dentro del sector bancario de la UE y el debilitamiento de las perspectivas económicas tanto globales como a nivel de la UE.