El gobernador del estado de Florida, Rick Scott, firmó hoy su segunda orden de ejecución, en este caso la de un hombre que el martes cumplirá 65 años y que está en el corredor de la muerte por el asesinato de una madre y sus dos hijas.

"Adjunta está la orden de ejecución que he firmado para llevar a cabo la sentencia de Oba Chadler", asegura Scott en una carta enviada hoy al responsable de la Prisión Federal de Florida, en la que se detalla que la pena se aplicará el próximo 15 de noviembre.

El condenado fue hallado culpable en 1994 de asesinar a una mujer del estado de Ohio, de 36 años, y a sus dos hijas adolescentes, cerca de la Bahía de Tampa cuando volvían de unas vacaciones en Disney World (Orlando, Florida) en junio de 1989, luego de que la mujer le pidió indicaciones para llegar a su hotel, en las inmediaciones del lugar.

Según se conoció durante el juicio, las tres aún podían haber estado vivas cuando el hombre las ató y las arrojó al agua desde un barco.

Aunque al parecer Chadler ató pesos a sus cuellos para que se hundieran en el agua, sus cuerpos aparecieron flotando más tarde en la bahía de Tampa, desnudos de cintura para abajo.

Las autoridades tardaron tres años en descubrir al responsable y detenerlo.

Según la ficha que de él tiene el Departamento de Prisiones de Florida, Chadler, quien está ingresado en la Union Correctional Institution, en la localidad de Raiford, cumplirá el martes 65 años.

Esta es la segunda orden de ejecución que firma el gobernador de Florida desde que accedió a ese puesto a comienzo del año.

La primera fue la de Manuel Valle, de origen cubano y acusado de haber asesinado a un policía en 1979.

Fue ajusticiado hace menos de dos semanas, con lo que se convirtió en el primer reo de Florida en ser ejecutado con una nueva y controvertida sustancia como parte del cóctel utilizado para aplicar la pena capital por inyección letal.

Valle fue el reo número 70 en ser ejecutado en Florida desde que se restableció esa condena en el estado en 1976, según datos del Departamento de Prisiones, que calcula que los condenados a la pena capital pasan una media de 13 años en el corredor de la muerte.