Durante casi dos décadas, Viktor Bout gobernó un imperio del aire, con una flota privada de aviones de carga que recorría el mundo transportando maquinaria pesada, pollos congelados y otras cosas.

El empresario ruso ya no puede volar por ahora: esta semana será enjuiciado en un tribunal federal de Nueva York por lo que según gobiernos occidentales era su verdadera especialidad: orquestar el envío de toneladas de armas que azuzaban la violencia en las zonas de guerra en el mundo.

Un ex oficial militar soviético de 44 años que domina cuatro idiomas, Bout es conocido como el "Mercader de la muerte", el apodo utilizado por funcionarios estadounidenses e internacionales para describir su presunta prominencia en el tráfico de armas.

Podría ser condenado a cadena perpetua si es declarado culpable. Entre otros cargos, enfrenta uno de asociación ilícita para vender armas por millones de dólares a informantes de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), que se hacían pasar como agentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Se le ha prohibido viajar a otros países por violar los embargos de armas de Naciones Unidas, ha sido blanco de una congelación de activos por parte de Estados Unidos, e inspiró el papel del traficante de armas ficticio interpretado por Nicolas Cage en la cinta de acción "Lord of War" de 2005.

Se cree que amasó una fortuna calculada hasta en 6.000 millones de dólares. Sus clientes, de acuerdo con investigaciones oficiales, incluían a los dictadores Moamar Gadafi y Charles Taylor, así como los mulás del Talibán que solían gobernar Afganistán. Incluso, aviones vinculados con su red enviaron suministros a Irak para las fuerzas estadounidenses.

Bout eludió el arresto hasta que agentes antinarcóticos estadounidenses lo atrajeron a Tailandia en una operación encubierta en 2008, acusándolo de asociación ilícita para vender misiles antiaéreos y otras armas a informantes encubiertos que se hacían pasar por terroristas sudamericanos.

Se declaró inocente, pero fue extraditado a Nueva York en noviembre tras pasar por un penoso limbo de dos años en una prisión de Bangkok mientras Estados Unidos y Rusia libraban una batalla diplomática en torno a él.

"Hay gente poderosa en Rusia que está bastante preocupada de que él pudiera hablar", dijo Michael Braun, ex jefe de operaciones de la agencia antinarcóticos estadounidense y quien estuvo a cargo de la investigación de Bout.

Sergei Markov, legislador ruso y miembro del Partido Rusia Unida, al que pertenece el primer ministro Vladimir Putin, coincidió: "Quieren extraerle información".

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El periodista de The Associated Press Vladimir Isachenkov en Moscú contribuyó a este despacho.