La primera presidenta del Africa elegida democráticamente, una activista liberiana contra las violaciones y una mujer que se enfrentó al régimen autoritario de Yemen ganaron el viernes el premio Nobel de la Paz en reconocimiento a la importancia de los derechos de la mujer en la búsqueda de la paz mundial.

El premio de 10 millones de coronas suecas (un millón y medio de dólares) fue dividido por partes iguales entre la presidenta liberiana Ellen Johnson Sirleaf, la activista por los derechos de las mujeres Leymah Gbowee, también de Liberia, y la activista prodemocrática Tawakkul Karman de Yemen, la primera mujer árabe que gana el premio.

El titular del Comité Noruego del Nobel dijo a la Associated Press que el premio a Karman debería considerarse una señal de que tanto las mujeres como el islam tienen papeles importantes que desempeñar en el levantamiento conocido como la Primavera Arabe, la ola de rebeliones antiautoritarias que han desafiado a regímenes en el mundo árabe.

"La Primavera Arabe no puede tener éxito sin incluir en ella a las mujeres", afirmó Thorbjorn Jagland.

Agregó que Karman, de 32 años, pertenece a un movimiento musulmán vinculado a la Hermandad Musulmana, el grupo islamista que en occidente es percibido como una amenaza a la democracia. Pero "no lo creo", agregó. "Hay muchas indicaciones de que ese tipo de movimiento puede ser una parte importante de la solución".

Yemen es una sociedad extremadamente conservadora, pero una característica de la revuelta en esa nación ha sido el papel prominente de las mujeres que participaron en protestas en gran número. Pero el levantamiento en Yemen ha sido uno de los menos exitosos, ya que no logró desalojar al presidente Alí Abdulá Salé mientras el país se deteriora y grupos armados van adquiriendo más poder.

En los levantamientos en Libia y Siria las mujeres han estado prácticamente ausentes. Y aunque hubo muchas manifestantes en la revolución egipcia, pocas tuvieron posiciones de liderazgo.

Karman, madre de tres hijos, encabeza el grupo por los derechos humanos Mujeres Periodistas sin Cadenas. Ha sido una figura prominente en la organización de las protestas contra Salé que estallaron a fines de enero.

"Estoy muy feliz con este premio", afirmó Karman a la Associated Press. "Doy el premio a los jóvenes de la revolución en Yemen y al pueblo yemení".

Destacar en la citación únicamente a la Primavera Arabe podría haber sido problemático para el comité. Libia se sumió en una guerra civil que condujo a la intervención militar de la OTAN. Egipto y Túnez siguen convulsionados. En Yemen y Siria los intransigentes siguen el poder, y Siria y una fuerza encabezada por los saudíes aplastaron el levantamiento en Bahréin.

Jagland dijo a la AP que era difícil hallar un líder de las revueltas de la Primavera Arabe, especialmente entre los muchos blogueros que desempeñaron un papel clave para impulsar las protestas, y recordó que la obra de Kamran empezó antes de los levantamientos árabes.

"Para nosotros no fue fácil escoger uno de Egipto o uno de Túnez porque hubo muchos", agregó. "Y no queríamos sugerir que uno fuese más importante que los demás".

Kamran "empezó su activismo mucho antes de que la revolución estallara en Túnez y Egipto. Ella ha sido una mujer muy valiente en Yemen durante mucho tiempo", afirmó Jagland.

Ninguna mujer ganaba el premio desde el 2004, cuando el comité reconoció a Wangari Maathai, de Kenia, que murió el mes pasado a los 71 años. El 2004 también era el último año en que el premio había sido para alguien del Africa.

Liberia se vio convulsionada por guerras civiles durante años hasta el 2003. El conflicto que comenzó en 1989 dejó unos 200.000 muertos y desplazó a la mitad de los tres millones de habitantes. La nación — creada en 1847 para alojar a esclavos estadounidenses libertos — sigue esforzándose para mantener una paz frágil con ayuda de soldados de las Naciones Unidas.

Sirleaf, de 72 años, tiene una licenciatura en administración pública de la Universidad de Harvard y ha ocupado altos cargos regionales en el Banco Mundial, las Naciones Unidas y el gobierno liberiano.

En las elecciones de 1997 perdió ante Charles Taylor, un caudillo que según muchos observadores fue elegido por un electorado temeroso. Aunque perdió por amplio margen, Sirleaf ganó prominencia nacional y se ganó el sobrenombre de "Dama de hierro". En el 2005 fue proclamada la primera gobernante mujer elegida democráticamente en Africa.

Sirleaf era considerada reformista y pacificadora en Liberia cuando asumió el cargo. Este mes se postula a la reelección y sus oponentes la han acusado de comprar votos y de usar fondos del gobierno para su campaña. Ella niega los cargos. La elección es el martes.

"Esto afirma mi propósito de trabajar por la reconciliación", dijo la presidenta el viernes desde su hogar en Monrovia. "Los liberianos deben estar orgullosos".

En una entrevista en el 2005 con la Associated Press, Sirleaf confió en que las jovencitas la vean como un modelo y se sientan inspiradas. "Por cierto espero que cada vez más de ellas estén mejor; las mujeres en Liberia, las mujeres en Africa, y espero que las mujeres en el mundo".

Gbowee, que organizó un grupo de mujeres cristianas y musulmanas para desafiar a los caudillos liberianos, fue reconocida por movilizar a las mujeres "trascendiendo las divisiones étnicas y religiosas para poner fin a la larga guerra en Liberia, y para asegurar la participación de las mujeres en las elecciones".

La activista hace campaña desde hace tiempo por los derechos de las mujeres y contra las violaciones. En el 2003, encabezó a cientos de mujeres manifestantes en Monrovia para exigir el desarme de los combatientes que abusaron de las mujeres durante 14 años de guerra civil casi ininterrumpida.

Gbowee trabaja en la capital de Ghana como directora de Red Africana de Mujeres por la Paz y Seguridad. El cibersitio de la organización dice que tiene cinco hijos.

Karman es de Taiz, una ciudad en el sur de Yemen que es un foco de resistencia contra el régimen de Salé y ahora vive en la capital, Saná. Es periodista y miembro de Islah, un partido islámico. Su padre fue ministro de asuntos legales de Salé.

La defensora de los derechos humanos y la libertad de expresión en Yemen ha hecho campaña para exigir la salida de Salé desde el 2006 y lanzó una iniciativa para organizar grupos juveniles y de oposición en un consejo nacional.

Karman ha sido calificada como "Mujer de hierro", "Madre de la Revolución" y "Espíritu de la Revolución Yemení" por sus partidarios.