Jean-Claude Trichet, el principal guardián financiero de la eurozona, dejará el cargo a fines de mes con un perfil y cometido del Banco Central Europeo muy cambiados con respecto a cuando se puso al frente de la entidad en el 2003, con una impresionante expansión de poderes y recursos que permitan encauzar nuevamente la deuda pública de muchas naciones, generalmente del sur de Europa.

El banco ha pasado de ser el organismo que fija las tasas de interés al salvador de los gobiernos agobiados por su voluminosa deuda soberana, e incluso el guardián de las reducciones presupuestarias pactadas con los gobiernos en apuros.

Es un papel que Trichet, que el jueves presidirá su última conferencia de prensa mensual al frente del BCE, aceptó con renuencia y algunos sostienen que fue por no quedar otro remedio.

Las audaces medidas del banco contra la crisis de la deuda soberana han impedido hasta ahora que los gobiernos y bancos de la eurozona sufrieran un colapso generalizado. Empero, esas medidas de emergencia, especialmente la compra de bonos gubernamentales de dudosa solvencia, conllevan riesgos a largo plazo para la credibilidad del banco como institución clave en el conjunto de 12 naciones que utilizan la divisa común, el euro.

Muchos creen que pasarán años antes de que pueda valorarse el cometido de Trichet al frente del banco, y si fue la política que requería en esos momentos el BCE.

"Quedan por valorar y clasificar la política del BCE en esta crisis, lo que sólo será posible después que pase algún tiempo", opinó la economista Marie Diron, de la firma Ernst & Young. "Empero, en conjunto seguramente deja el BCE con una posición mucho más sólida".

Además, "el BCE seguramente ha desempeñado un cometido mucho mayor en esta crisis financiera que el contemplado en un principio", indicó.

Trichet será reemplazado el 1 de noviembre por el director del Banco de Italia, Mario Draghi.