En un espejo María José Martínez se ve como cualquier quinceañera nicaragüense.

Sonríe y sostiene un ramo de rosas que combina con el rosa de su vestido y sus guantes que cubren sus delgados brazos.

Pero el cabello bajo la tiara no es el suyo. Es una peluca. Y no viene de un salón de belleza sino de un cuarto de hospital empujada en una silla de ruedas por su padre.

María José lleva seis meses luchando en un hospital de la capital de este país centroamericano desde que fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda. Entre 80 y 100 niños con leucemia reciben tratamiento cada año en el Hospital Mascota de Nicaragua, según la hematóloga y oncóloga Mercedes Argüello.

Este tipo de cáncer debilita su sistema inmunológico. Así, por ejemplo, cualquier gripe se puede transformar en una neumonía. Por los dos ciclos de quimioterapia que ha recibido, las tres operaciones que le han realizado y los constantes ayunos a los que se ha tenido que someter, María José perdió 14 kilos en pocos meses y su cabello.

A veces está tan débil que duerme mucho y tiene que ser transportada en una silla de ruedas.

Cinco días antes de su fiesta de quinceañera, varios cirujanos le cerraron una abertura en su abdomen, llamada ileostomía. Una intervención anterior abrió el abdomen para tratarle varias infecciones que aquejaban su intestino delgado.

"Yo en algún momento llegué a pensar que no iba a sobrevivir", dijo a The Associated Press (AP) la médica Argüello. "En algún momento ella dijo 'ya no quiero mas, no quiero más procedimientos, ya no quiero que me hagan nada'. Pero cuando se le tocó el punto de que ella se iba a ver mucho más bonita si no tenía ileostomía, entonces ella aceptó y (la cirugía en su abdomen) se hizo cinco días antes de su fiesta".

Cuando llegó el día del gran evento, su fiesta de quinceañera, Petrona Guido ayudó a su hija a ponerse el vestido, los aretes y un collar sin desconectar su mano del soporte del que cuelga su suero.

También peinó y arregló la peluca cobriza antes de ponerla en su cabeza, casi calva.

Otras 28 adolescentes con cáncer también celebraron su fiesta de 15 años con María José el 27 de agosto pasado en el Hotel Barceló de Managua, en un salón adornado con globos rosas y blancos y un pastel de tres niveles.

La Asociación de Madres y Padres de Niños con Leucemia y Cáncer pagó el costo del evento, que reunió a 200 invitados.

Quienes quisieron ayudar a las quinceañeras se volvieron en madrinas de las niñas y les regalaron el vestido, los zapatos, y las pelucas, entre otras cosas.

Con su débil y frágil cuerpo de 38 kilogramos, María José logró bailar dos melodías con un cadete de la escuela militar de Nicaragua.

"Y eso que estoy enferma porque si no le doy tres vueltas en el aire al cadete", dijo después del festejo, que duró cuatro horas.

"Me daban ganas de llorar, de verla alegre a pesar de su enfermedad", dijo Guido a la AP. "Ella estaba alegre, pero no era como debía ser. Pero así son las cosas de la vida".

En Managua, María José y su madre comparten un cuarto en un albergue con otra pareja de madre e hija en la misma situación. El albergue, de 16 habitaciones, es algo hogareño: tiene cocina, comedor, sala de juegos y un parque en la parte posterior.

Dos organizaciones que ayudan a familias de niños con cáncer se han ofrecido a cubrir los gastos médicos y su estancia en Managua. Aún así, el padre de María José, Juan José Martínez, dice que debe mucho dinero.

"Parece mentira, pero en lo que se fue el gasto fue en los pañales cuando María José pasó un mes en la unidad de cuidados intensivos", dijo a la AP.

Existen entre 50% y 60% de posibilidades de que María José se cure en dos años a través de constantes sesiones de quimioterapia, dijo Argüello.

Madre e hija han estado librando esta lucha a 185 kilómetros de su hogar, ubicado en La Cuchilla, un pueblo a unos 185 kilómetros al norte de Managua. La familia ha tenido que viajar entre estos dos lugares tras cada ciclo de quimioterapia.

Dos días después de la fiesta, María José y su familia decidieron volver a La Cuchilla porque quieren que el día de su cumpleaños la quinceañera amanezca en la región montañosa y tropical donde nació y creció.

Emprendieron el viaje de cuatro horas de Managua en la camioneta roja de un familiar. Durante la travesía, María José admiró las montañas, los campos de café y los árboles de mangos y jocotes del paisaje. Pero no sonrió.

Al llegar a la comunidad, docenas de personas le dieron una calurosa bienvenida. María José se sorprendió al ver a familiares y amigos. Lloró y se secó sus lágrimas con una toalla.

Algunos le cantaron acompañados con guitarra, guitarrón, mandolina y violín. María José es conocida en el pueblo porque leía versículos bíblicos en la parroquia La Asunción y preparaba a menores para que hicieran su primera comunión.

Con ternura, palmeó las espaldas de quienes lloraron cuando la abrazaron.

"Tranquila, tranquila, ya estoy bien", le dijo a una mujer.

Su hermano Elvin y otro familiar la cargaron en una silla de plástico hasta la puerta de su hogar, una casita pequeña de madera, escondida entre los árboles de la montaña.

Ya casi cae la noche. María José ve altares adornados con estampas de vírgenes, flores color pastel y luces navideñas en su casa.

Los Martínez tienen una pequeña reunión en su hogar esa misma noche. Comen el pastel que ella recibió en su fiesta de 15 años.

María José se recuesta en su cama de madera que, en vez de colchón, tiene mantas. Les cuenta a sus hermanas sobre el festejo que tuvo en la capital. Entre tanto, ellas se prueban el vestido que lucirán en el cumpleaños de su hermana.

Dos semanas después, María José tiene una segunda fiesta, ahora en La Cuchilla.

Lleva puesto otro vestido rosa, otros guantes, otra tiara y otras joyas. Asiste a una misa en una capilla católica. Esconde su rostro y llora. Después dijo que se conmovió al darle "gracias a Dios porque me tiene aquí con vida".