El presidente filipino, Benigno Aquino III, ordenó el martes un aumento en la seguridad para las compañías mineras después que los ataques cometidos por rebeldes comunistas interrumpieron las actividades del mayor productor de níquel del país y causó su desplome en los mercados.

Más de 200 rebeldes desarmaron a los guardias, retuvieron momentáneamente al personal de la empresa, prendieron fuego a oficinas y equipo y emboscaron un convoy encabezado por un general de la policía que respondió a un llamado de auxilio por los ataques del lunes a tres minas operadas por Nickel Asia Corp. y Platinum Group Metals Corp. en la provincia de Surigao del Norte.

Tras la orden del presidente, el ministro del Interior Jesse Robredo dijo que tropas adicionales y milicianos civiles armados por el gobierno serán enviados para mejorar la seguridad para empresas mineras en zonas remotas.

El gobierno aseguró a la comunidad empresarial que los ataques fueron "un caso aislado".

"Existe una fuerte inversión ahí pero al parecer nos hemos desplegado demasiado poco. Nos aseguraremos de que mejore la seguridad", dijo Robredo a The Associated Press.

Los ataques, que son los atentados más serios cometidos en años por rebeldes comunistas, asestaron un fuerte golpe a la industria minera justo cuando el gobierno trata de atraer inversionistas para aumentar las ganancias e invertir en servicios sociales.

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Los periodistas de The Associated Press Jim Gomez y Teresa Cerojano contribuyeron con este despacho.