Rodolfo Salazar y Benita Veliz, han vivido en Estados Unidos desde su infancia, con casi ningún recuerdo del país que dejaron atrás. Rodolfo obtuvo un título profesional en negocios y administración financiera y trabaja en lo que puede para subsistir, aún es indocumentado. Benita se graduó con el mejor promedio de su preparatoria a los 16 años y completó una doble licenciatura en Biología y Sociología, actualmente enfrenta un proceso de deportación. Ambos cumplieron su sueño a medias...

Ellos son sólo dos de los miles de 'dreamers' que soñaron con un futuro mejor a través de la educación. Son los chiquillos de Rick Noriega, Noriega's kids, el entonces legislador por el estado de Texas, autor de la ley HB 1403, la 'Texas Dream Act', la primera legislación aprobada en Estados Unidos que abrió las puertas de las universidades públicas a jóvenes indocumentados en 2001.

Tras una década de vigencia en Texas, la ley ha sido aprovechada por más de 30,000 inmigrantes indocumentados que cumplían los requisitos. Muchos de ellos ya concluyeron sus carreras profesionales, sin embargo, la mayoría no puede ejercerlas porque dicha legislación no contempla el derecho a obtener un trabajo legal al término de sus estudios superiores. Tan sólo el año pasado 16,476 estudiantes se registraron bajo la ley HB 1403, según datos oficiales.

''Es una ley fantástica y justa, pero no es perfecta'', comentó Salazar, quien formó parte de la primera generación de estudiantes beneficiados con la ley justo en 2001. Ese año comenzó su carrera universitaria y la concluyó 5 años después, con la ayuda de su madre que limpiaba oficinas de noche y era niñera de día para sufragar sus gastos escolares. Su colegiatura la pagó con becas de la Universidad de Houston y de una televisora local.

Rodolfo narra que esos años fueron dolorosos. ''Todo ese tiempo con el temor encima de no saber qué va a ser de ti, me cambió y ahora lo veo en forma positiva para apreciar la vida y este país mejor que si hubiera nacido en él'', agrega y no duda en reconocer que los años de activismo a favor del Dream Act y sus estudios lo hicieron una mejor persona. Ahora, estoy empeñado en hacer un ejemplo de mi vida, dijo.

No pierde la esperanza de volver algún día a Tepozotlán, en el estado de México, su pueblo natal que no ha pisado en 19 años. ''Tal vez me regrese y haga mi vida allá''.

En cambio para Benita, una infracción de tránsito hizo que un policía la entregara a las autoridades migratorias hace dos años en San Antonio y se iniciara un proceso de deportación en su contra. Le han otorgado varias extensiones para su estadía en el país y la última expirará hasta enero del 2013.

Su caso tuvo resonancia nacional debido a su excelencia académica y cualidades personales. Incluso el presidente de la Universidad St. Mary's, Charles Cotrell, en donde estudió con beca completa, envió cartas en su defensa al Senado para evitar su expulsión del país.

Centrada y segura, Veliz Castillo opina que el 'Texas Dream Act' es ''una ley muy buena, pero incompleta'' y lamenta que ''el estado de Texas haya invertido en educación que no se está aprovechando a favor de la misma entidad, de nada sirve que la ley no esté dando resultados a los jóvenes egresados si no pueden emplear sus conocimientos''.

De sus planes para el futuro, revela que seguirá esperando y luchando porque ''una gran parte de mi vida depende de la aprobación del Dream Act, que estoy segura que pasará, pero sólo si hay un cambio dramático en la forma de pensar o un cambio radical de liderazgo'', opina la joven que toca el piano, la guitarra, es fotógrafa, ha dado clases y también ha sido cocinera, niñera, planchadora de ropa y mesera para solventar sus estudios.

Las historias de sacrificio y pasión por su causa se repiten una y otra vez. La de algunos Texas Dreamers casi alcanzan un nivel heroico. No cesan de luchar. No abandonan el sueño. Centenares de ellos se conocen, están conectados activamente entre sí en agrupaciones estudiantiles en Austin, Houston, Dallas, San Antonio y en otras ciudades del estado. La mayoría son Latinos, pero también hay filipinos, chinos, africanos y europeos.

''Somos como una familia'', describió Daniel Olvera, presidente de la Iniciativa de Liderazgo Universitario, el grupo más numeroso en la capital texana.

En Texas gozamos de un privilegio y una oportunidad que no tienen otros estados para asistir a la universidad pagando colegiatura de residentes locales y con acceso a ayuda financiera, señala Olvera, quien en un año se graduará en ciencias políticas y educación en la Universidad de Texas en Austin (UTA).

No tenemos miedo, explica Olvera, porque parte del movimiento estudiantil consiste en que hay que dejar los temores, ya que el miedo ha paralizado a nuestras comunidades por mucho tiempo. ''Sí tenemos una voz y hemos hecho que gente muy importante en este país la escuche, tenemos inquietudes y queremos un cambio'', añade.

Hoy en Texas, el sueño va más allá de la educación formal a la que tienen acceso y sus acciones se suman al reclamo nacional para aprobar el Dream Act y lograr el derecho a un trabajo legal, la residencia permanente y eventualmente la ciudadanía. Es el sueño en sí.

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Cuando Rick Noriega era representante en la 77 legislatura estatal, recibió en su oficina al salvadoreño Rosendo Ticas, quien le planteó su problema para pagar la colegiatura como estudiante internacional en el Houston Community College. Su caso le hizo pensar en cuántos jóvenes en su distrito podrían estar en la misma circunstancia.

Para averiguarlo, el legislador le propuso a un profesor de la Universidad de Houston que elaborara un estudio en las preparatorias de los barrios del Este de Houston, donde existía una gran población de jóvenes hispanos. Los resultados señalaron que muchos alumnos estaban en la misma situación de Ticas.

''Era una señal de que podría haber un gran problema pronto y sentí la obligación de cambiar la ley para definir el concepto de residencia en el estado para efectos del pago de colegiatura. Estos niños sin un número de seguro social tendrían que pagar 4 o 5 veces más y no podrían continuar con su educación'', expuso.

Noriega señala que supieron que en los colegios comunitarios de Dallas, la funcionaria Diana Flores había implementado una forma de tarifas de residente local a solicitantes indocumentados. Reunió esas piezas de información y comenzaron la redacción del texto de la iniciativa con la ayuda de los abogados Bárbara Hines, profesora de la escuela de Leyes de la Universidad de Texas en Austin y Domingo García.

''En la cámara de representantes en 2001, se podía introducir una propuesta legislativa basada en hechos concretos y en una pauta política bien planteada se podía avanzar una idea. Al mismo tiempo organizamos una coalición de apoyo con activistas, maestros, educadores para someter la iniciativa'', agregó.

En el 2001, el coronel y actual comandante brigadier de la Guardia Nacional en Texas sometió la iniciativa de ley 1403 que fue aprobada en el Senado con 29 votos en forma unánime, así como en la legislatura estatal con 130 votos a favor y 2 en contra. Posteriormente, el gobernador Rick Perry la firmó para oficializarla como ley.

''Como cualquier movimiento histórico por las mujeres, por el voto o los derechos civiles comenzaron haciendo un cambio y aquí esos jóvenes lograron que las leyes cambiaran y sucedió porque el problema se humanizó, porque la pieza más grande de esta ley fueron esos muchachos con sus historias, sus luchas que fueron escuchadas por los legisladores y no dejaron ningún ojo seco esa noche de su aprobación'', recordó Noriega.

De esa forma, quedó establecido en la ley HB 1403 que se permitirá que los estudiantes indocumentados paguen colegiatura de residente local si se graduaron de una preparatoria u obtuvieron el título de bachillerato en Texas, si vivieron en el estado los 3 años anteriores a la graduación, si se matricularon en un colegio universitario después del otoño de 2001 y firman un compromiso para buscar la residencia permanente en el país en cuanto les sea posible.

Los legisladores de Texas han favorecido a la ley, sin embargo en 2005 se revisó e hicieron cambios más estrictos a través de la iniciativa SB 1528. En la sesión pasada de la 82 legislatura estatal, un representante republicano propuso el aumento de colegiaturas a indocumentados, pero falló en su intento.

Noriega defiende el 'Texas Dream Act' apasionadamente. ''Es una buena ley y una buena norma política si hay miles que pudieron ir a la escuela gracias a ella y si alguien argumenta que la ley está mal, pues está haciendo un punto basado en la ignorancia''.

Lamenta que haya tanta desinformación sobre la legislación, cuando se fundamenta en los principios de que ''todo joven tiene derecho de ir a la universidad en Texas, deben cumplir los requisitos y pagar sus cuotas de colegiatura''.

Texas decidió premiar el esfuerzo y la excelencia, sin importar cómo llegaron aquí, explica y la ley ''le dio la dimensión totalmente humana que tiene el asunto, ya que sería irracional e ilógico penalizar a estos estudiantes dejándolos sin educación'', dijo.

En estos diez años, Rick Noriega ha sido considerado como un héroe para miles de universitarios indocumentados en Texas, pero él también se refiere a esos jóvenes como ''lo mejor de lo mejor''.

Eso lo probó un estudio de las universidades de Houston y Vanderbilt que encontró que los estudiantes beneficiados con la HB 1403 en Texas son más propensos a graduarse, terminan sus estudios en menos tiempo y tienen promedios más altos. Noriega opina que el Dream Act deberá aprobarse algún día porque ''perdemos como nación al dejar este capital humano sin entrar a la fuerza de trabajo'' y asegura que los jóvenes activistas ''cambiarán el corazón y las mentes en el país en cuanto ellos expongan el aspecto humano del movimiento nacional, entonces ellos cambiarán la ley''.

A 10 años del Texas Dream Act, Rick Noriega dice sentirse completo, ''siento que si algo me pasa mañana, mi vida valió por una causa justa, que logramos otra generación de jóvenes, ellos fueron como semillas que necesitaban un poco de agua para hacer cosas increíbles en este país''.

CORAZÓN Y HUESOS DE LA LEY

Sin dudar ni un ápice, la abogada Bárbara Hines asegura que el 'Texas Dream Act' sí ha funcionado y aclara que lo que debe entenderse es que ''ésta es una ley para procurar educación, que sólo determina quién puede ir a la escuela y no es una ley de migración''.

Hines es profesora y co-directora de la Clínica de Inmigración del departamento de leyes de la Universidad de Texas en Austin (UTA) y con su experiencia en legislación migratoria contribuyó a redactar el texto de la iniciativa HB 1403 que impulsaría Rick Noriega en la cámara legislativa estatal en 2001. Si el legislador fue el corazón de la ley, Hines aportó los huesos que le darían forma.

La académica testimonió durante la sesión legislativa donde se aprobó la ley y ha sido testigo de primera fila en la práctica del Texas Dream Act durante 10 años.

''Es un asunto de derechos humanos, algo que debimos hacer porque estos jóvenes han vivido en Estados Unidos todas sus vidas, se consideran americanos, son producto de esta cultura y están involucrados en ella como cualquier ciudadano de este país'', dijo.

En la clínica de migración de la UTA a su cargo se analizan casos de dreamers en proceso de deportación, actualmente tienen 8 casos a los que se les ofrece asesoría legal.

Sobre la política nacional anunciada en agosto para evitar la deportación de indocumentados de baja prioridad, se declaró escéptica y como abogada ''estamos esperando cómo va a funcionar en la práctica porque una cosa es dictar una política como ésa y otra es instrumentarla desde las distintas oficinas de migración en el país''.

En cuanto al Dream Act cree que ya es tiempo de que se apruebe, aunque asegura que ''hoy no se puede hablar de migración sin hablar de racismo y más cuando se conoce del cambio demográfico como el que sucede con la población hispana en este país''.

Hines expresa su admiración hacia los Texas Dreamers ''porque en vez de darse por vencidos han decidido que no van a vivir con miedo, son valientes, se organizan, presionan a las autoridades, a pesar de correr grandes riesgos, con tal de lograr un cambio''.

Otro de los protagonistas del Texas Dream Act es David Johnston, quien apoyó a cientos de estudiantes indocumentados, les consiguió becas, asesoró y tramitó su acceso a las universidades antes y después de que la ley entró en vigor. Fundó la 'Coalición de Educación Superior para Inmigrantes' y luego el grupo 'Jóvenes Inmigrantes por un futuro mejor'. Ha sido pieza clave para los Dreamers en Houston y Austin.

Johnston afirma que la HB 1403 está incompleta y lo vio al cabo de cuatro o cinco años de su vigencia cuando comenzaron a graduarse la primera generación de dreamers y no pudieron trabajar legalmente, ''hubo muchos desilusionados con la ley'', dijo.

En los últimos 10 años, todas las universidades de Texas han graduado a cientos de dreamers que aprovecharon la oportunidad que les dio la ley, no obstante todavía hay muchos más jóvenes que no continúan estudiando porque ni siquiera pueden pagar la colegiatura de residente local, indicó.

En la actualidad, considera que el Dream Act se ha vuelto una bola de nieve cada vez más grande en todo el país, a raíz de marchas y protestas más numerosas, por lo que ''el presidente Obama tendrá que impulsar la ley, ya que se está haciendo un tema recurrente para él que deberá atender, si no lo va a seguir persiguiendo en su campaña''.

Johnston externó su esperanza de que ''pudiéramos ver algo sobre el Dream Act para enero o febrero de 2012''.

Otra participante involucrada a fondo en la elaboración de la ley, la entonces jefa de la oficina de Rick Noriega en la legislatura estatal, Linda Christofilis, opinó que la HB 1403 ha sido muy exitosa en Texas, aunque ''a nivel nacional aún no se entiende, no se analizan los hechos concretos ni sus objetivos''.

Consideró que en contraste con las leyes migratorias federales que son excluyentes hacia los que sienten inferiores, la Texas Dream Act fue totalmente inclusiva y dio la bienvenida a los estudiantes indocumentados para acceder a la educación.

Christofilis cree que el Dream Act debió haberse aprobado hace mucho tiempo si hubiera habido voluntad política y valor para llevar a cabo una reforma migratoria y si se entendiera la complejidad, discriminación y costo del actual sistema de migración.

Texas fue el primero en aprobar una ley que permite la entrada a universidades a estudiantes indocumentados con colegiaturas reducidas. Ahora, otros 10 estados aprobaron iniciativas semejantes al Texas Dream Act.

LOS SOÑADORES EN DALLAS

Para Ramiro, Nicole, Alonso, Idalia, Edward, María, todos soñadores del 'North Texas Dream Team', no hay dificultad que los detenga. Van resolviendo cada problema que se va planteando en la reunión donde afinan los preparativos del Tercer Congreso de United We Dream, la organización nacional a la que pertenece su grupo.

Serán anfitriones de cientos de Dreamers del país que asistirán al evento que se celebrará en Dallas del 11 al 13 de noviembre próximo.

Son alrededor de treinta muchachos de un optimismo inagotable. Han viajado para participar en marchas y protestas a varias ciudades, han hecho cabildeo en Washington D.C. y acuden a las sesiones legislativas en la capital texana en su propio ''Dreamobile'', como le llaman al viejo camión escolar que uno de ellos compró en una subasta.

Ramiro Luna, estudiante de educación en la Universidad de Texas en Arlington, es el líder del grupo. Vive en este país desde los 7 años, cuando llegó con su padre y dos hermanos. A su papá lo deportaron a México y al quedarse solos, su madre se vino a cuidarlos. ''Siempre supe que era indocumentado, buscamos abogados a los que pagamos miles de dólares para hallar una solución, pero no fue posible'', narró.

Ahora se dedica a la búsqueda de su sustento económico y al activismo por el Dream Act que comenzó hace unos 6 años para llamar la atención hacia el movimiento para lograr su aprobación.

Alonso está en su último año en la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad del Norte de Texas, lleva 11 años en Estados Unidos. También María fue traída a este país desde que tenía 6 años de edad y es una destacada estudiante de criminología y ciencias políticas en la Universidad de Texas en Arlington. Nicole es filipina, estudia criminología y se quedó aquí desde que sus padres perdieron su empresa y expiró su visa de negocios en este país.

Luna señala que ''es la pasión lo que nos mueve y un principio humanista de servicio, de dar voz a una comunidad que ha estado silenciosa mucho tiempo''.

El grupo opinó que ha habido avances notorios hacia la aprobación del Dream Act , que se ha puesto el tema en la discusión nacional y comentan la defensa de la ley HB 1403 que ha hecho públicamente el aspirante presidencial republicano y actual gobernador de Texas, Rick Perry. Entonces Idalia sugiere ''¿y por qué no invitamos a Perry al Congreso nacional?''

Las historias se repiten. El sueño es el mismo.

Yolanda GonzalezYolanda González Gómez. Periodista con más de 20 años de experiencia como reportera, corresponsal y columnista.

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