Gran Bretaña le hizo mala cara al euro y prefirió mantener su querida libra. Con la actual crisis de la deuda de Europa, ¿es posible que el país le dé la espalda por completo a sus vecinos en problemas?

Varios de los delegados que asisten esta semana a una conferencia anual del gobernante Partido Conservador están apuntando hacia los problemas económicos del continente como una oportunidad para revivir los viejos debates sobre la relación de Gran Bretaña con el resto de Europa.

Rescates costosos y jueces de la UE vistos como entrometidos son algunas de las razones citadas como evidencia para apoyar el objetivo largamente acariciado por los británicos escépticos: abandonar la Unión Europea.

"La marea se mueve de manera irrevocable hacia un referéndum, independientemente de si el primer ministro lo quiere o no", dijo el legislador del Partido Conservador Douglas Carswell durante una reunión en el marco de la conferencia.

Durante un debate que se espera tenga lugar el próximo mes en el Parlamento, los legisladores exigirán una consulta nacional sobre la conveniencia de unirse mejor a naciones como Noruega y Suiza, que no forman parte de la Unión Europea.

Sería el primer referéndum sobre las relaciones con el resto de Europa desde 1975, cuando el Reino Unido votó a favor de permanecer en la entonces Comunidad Económica Europea.

Los críticos creen que los actuales problemas financieros de Europa representan su mejor oportunidad para que Gran Bretaña abandone la UE, a la que acusan de imponerle regulaciones que a menudo contradicen los deseos de los legisladores electos del país.

"El escepticismo hacia la Unión Europea nunca ha sido tan popular como ahora", afirmó Timo Soini, líder de The Finns, un partido de Finlandia profundamente escéptico de la unión europea, durante una reunión lateral de la conferencia. Legisladores afines de otros países a menudo viajan a las convenciones políticas de Gran Bretaña para analizar y debatir ideas estratégicas.