Latinoamérica ha experimentado significativos avances en la reducción de la pobreza, pero apenas ha mejorado las profundas desigualdades sociales que limitan su desarrollo, según el responsable para la región del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Heraldo Muñoz.

En una entrevista con Efe, Muñoz constató que América Latina disfruta de una situación económica "bastante positiva" frente a la crisis que viven los países desarrollados, Europa y Estados Unidos, pero destacó que la región afronta tres grandes desafíos: la desigualdad, la criminalidad y problemas de calidad de las democracias.

"Latinoamérica creció el año pasado un 6 por ciento, y este año va a crecer entre el 4 y el 4,5 por ciento, que es el doble de lo que sucede en Europa. El panorama es relativamente optimista, aunque si la crisis (en el mundo desarrollado) continúa y se profundiza" podría verse afectada, ya que el continente "no es inmune a los efectos, no está aislado", señaló.

El subsecretario general del PNUD subrayó que entre los grandes desafíos que afronta la región está la desigualdad: "sigue siendo la región más desigual del mundo y de los 15 países más desiguales, 10 están en Latinoamérica".

América Latina también se enfrenta al crimen y la inseguridad ciudadana, y si la región representa el 9 por ciento de la población mundial, concentra en cambio el 27 por ciento de los homicidios.

Respecto al tercer desafío, la representación política, señaló que si "por un lado hay una democracia electoral consolidada, y este año va a haber 6 elecciones presidenciales, existe un problema de calidad de las democracias".

El responsable regional del PNUD no cree que los buenos datos de crecimiento macroeconómico sean sólo cifras, sino que "hay realidades concretas de mejora" de la vida de las poblaciones.

"La mayoría de los países de Latinoamérica han logrado disminuir la pobreza, lo que significa que hay personas que han salido de la pobreza y han entrado a las capas inferiores medias, y hoy día tienen la posibilidad de construir un futuro que antes no tenían", afirma.

"Uno de cada seis latinoamericanos están cubiertos por algún programa de transferencias condicionadas, reciben aportes financieros por llevar sus niños a la escuela, o a los consultorios médicos", señala.

Entre ellos, citó Bolsa Familias de Brasil, Oportunidades de México, Solidaridad de República Dominicana o el Chile Solidario.

"Pero si bien es cierto que hay disminución de pobreza, la desigualdad de ingresos sigue siendo muy grande, y a ella hay que sumarle la de género, la étnica y la territorial", subrayó el que fuera embajador de Chile ante la ONU.

Sobre sus causas, Muñoz destacó que la desigualdad "no empieza ahora, sino hace muchas décadas y proviene de una estructura colonial, donde el dominio sobre la tierra cultivó privilegios enormes para sectores muy pequeños".

"Es una herencia histórica y en ese sentido, celebro que por primera vez empieza a haber mayor conciencia por parte de los gobiernos de que es necesario ir mas allá del combate de la pobreza, y atacar también la desigualdad, aunque los logros todavía son insuficientes", afirmó.

Frente a los avances en la reducción de la pobreza, señaló que hay países rezagados, especialmente algunos de Centroamérica y una de las razones es "el crimen, la violencia, la inseguridad ciudadana, que tiene dos efectos perniciosos: ponen en riesgo el desarrollo y la democracia".

"Eso lo estamos viendo en Centroamérica, pero también podría extenderse al resto de la región. Es un problema gravísimo", y recordó que los países de Centroamérica tienen las tasas más altas de asesinatos a nivel mundial.

"En Honduras hay más de 70 asesinatos por cada 100.000 habitantes, cuando la media mundial es de 4. Y hoy día están muriendo mas personas en países como El Salvador o Guatemala que durante las guerras civiles en los años 80", señaló.

Uno de los efectos inmediatos de la violencia es que "Centroamérica gasta anualmente alrededor de 4.000 millones de dólares en seguridad, y eso es plata que no va a educación, no va a salud, es una situación muy preocupante que requiere maneras frescas de enfrentarla".

Entre ellas, "atacar el problema del lado del consumo (de drogas), mirar la participación de las comunidades locales para prevenir, ver los temas de empleo de la juventud, que haya más cooperación regional, en suma políticas más integrales, porque lo que ha fallado es usar solo mano dura, construir mas cárceles, endurecer las penas o rebajar la edad de responsabilidad penal".

"Sólo la represión no va a resolver el problema", subrayó.