Viene al caso el título de la recordada pieza musical del maestro Luis Arcaraz, como una clara referencia a que en el beisbol de Grandes Ligas no siempre se ganan títulos con plata a raudales. Hoy, cruelmente, el tercer club con la nómina más elevada en el máximo concierto peloteril, está fuera del concurso de octubre. Ustedes saben que nos referimos a los Medias Rojas de Boston y sus 161 millones de dólares invertidos para armar uno de los compactos más competitivos de la carpa mayor. La banda patirroja es una suerte de congregación de bateadores y lanzadores de alto prestigio. Solo que al final los maderos y los brazos estaban vacacionando. Nada salía bien. El único que salió, al cabo, fue el manager Terry Francona.

Tampoco tomaron su boleta a la postemporada otras organizaciones que activaron sus chequeras sin mezquindad ni temores. Sobrepasaron --- algunos por mucho --- los 100 millones de dólares equipos como Anaheim, Medias Blancas, Dodgers, Minnesota, Mets, Cachorros y San Francisco. Todos ven las finales por televisión mientras hacen resúmenes de sus operaciones y tratan de detectar los puntos álgidos de su desempeño-

De verdad, el dinero ayuda, pero no es absolutamente la clave del exito.

Veamos la parte contraria y estableceremos que la aseveración es completamente válida. Texas venció por segundo año corrido en su división oeste sin llegar a esa onerosa cifra del centenar de millones, exactamente 92 de los verdes grandes. Es una gerencia que pulsea con cada moneda, que no regala nada y que en el mercado se hace de buenos peloteros en transacciones bien estudiadas, generalmente provechosas.

Los Cerveceros invirtieron un poco menos (85 millones) y tambien disfrutan de las mieles de los play off. Dominaron el grupo más grande --- seis clubes en la división centro de la Nacional --- y le pasaron la aplanadora a elencos de abolengo como los Cardenales de San Luis y los Rojos de Cincinnati. Mucho más abajo en esa escala salarial están los Diamond Backs de Arizona, una escuadra que de los entendidos apenas recibía opciones para disputar un tercer lugar en su segmento occidental de la Nacional. Pues bien, en septiembre dieron una galopada impresionante para despegarse de los favoritos Gigantes. Esa novena desertica es uno de los baratillos impresionantes que hay en Grandes Ligas, Resulta que solamente extrajeron de sus arcas poco más de 53 millones para hacerse de un sitio entre los ocho privilegiados de esa ronda divisional. Cero figuras de alto relieve, nada de fulgurantes estrellas, nadie con cupo fijo. Un grupo para el todo terreno, unos "siempre listos" que no se arredran ante nada.

Ah!, la sorpresa mayúscula viene de seguidas.

Tampa fue noticia por una remontada que los aficionados del mundo no olvidarán. Fraguaron los Rays una tenaz persecución detrás de Boston en el comodín, luego de entrar al mes final separados nueve juegos de ese objetivo. La última fecha está registrada como algo sin precedentes en emociones.

Cuando se quitaron de encima en el octavo una desventaja de 7-0 mediante jonrones históricos, para luego remachar en el duodecimo con el segundo bambinazo del juego para Evan Longoria, los de la bahía, al mando de un impasible, inspirado y genial Joe Maddon, escribieron una nota con tinta indeleble en los anales de este deporte. Vaya, entrar en la competición subsiguiente salvando una agrupación que contiene a Yankees y Boston, siempre será un objetivo de alto precio.

Sepan ustedes que los ejecutivos de Tampa se merecen el premio Nobel al ahorro, o, en todo caso, a la sabia manera de invertir los reales. Solamente los 36 millones de dólares de Kansas City evitaron que la tropa floridana fuera la de más baja nómina en la zafra del 2011. Son escasamente 41 millones lo que deben cancelar los de la bahía a sus peloteros, y eso significa un promedio ligeramente superior al millón y medio por jugador. Toda una ganga, que duda cabe.

Si quieren verlo de otra manera, desde diferente ángulo, los dos contendientes de una serie divisional de la Americana, Texas y Tampa, suman salarios por 134 millones de dólares. Esa cantidad acumulada aún está 27 millones por debajo de la lista de pagos que mora en las oficinas de Boston. Por eso es que en Massachusetts tardarán en digerir un reves tan amargo ...y tan costoso.

Tenía razón Luis Arcaraz, el dinero debe estar acompañado de otros ingredientes para alcanzar el exito.