El Gobierno de EE.UU. pidió una indemnización por los daños a los vehículos oficiales durante el hostigamiento a su enviado en Damasco, un incidente por el que ha reprendido duramente al embajador sirio en Washington, Imad Moustapha, informó hoy el Departamento de Estado.

El secretario de Estado adjunto para Oriente Próximo, Jeffrey Feltman, "le leyó anoche la cartilla" a Moustapha por el ataque del jueves al embajador de EE.UU. en Siria, Robert Ford, hostigado por manifestantes pro gubernamentales en Damasco, dijo en su rueda de prensa diaria la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland.

"Se le recordó que el embajador Ford es el representante personal del presidente (Barack Obama) y que un ataque contra él es un ataque contra Estados Unidos", anotó Nuland.

Luego agregó que se le ha pedido al Gobierno sirio una indemnización por los vehículos oficiales que resultaron dañados en ese incidente, al igual que se hizo en julio pasado tras un ataque a la embajada estadounidense en Damasco.

Lo "preocupante" es que el hostigamiento contra Ford fue "organizado, intencional, violento, peligroso y, por tanto, inaceptable", subrayó la portavoz.

Ford y otros funcionarios de la embajada se dirigían a visitar a un dirigente de la oposición siria cuando sufrieron el ataque.

Según la agencia de noticias independiente siria Shampress, el diplomático se vio acorralado por manifestantes afines al Gobierno en la oficina del letrado Hassan Abdelazim y tuvo que regresar a la embajada bajo la protección de las fuerzas de seguridad.

Este mismo jueves, la Casa Blanca y la Secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, ya condenaron el incidente y lo tildaron de "injustificable".

En su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, indicó que "cada día el embajador Ford corre riesgos personales de mucha consideración para apoyar las aspiraciones legítimas del pueblo sirio".

Carney lanzó un llamamiento para que el Senado apruebe lo antes posible la confirmación del nombramiento de Ford al frente de la delegación diplomática, pendiente aún del visto bueno del Legislativo.

Siria es escenario desde hace seis meses de un movimiento de agitación civil que reclama cambios democráticos y el fin del régimen que encabeza el presidente Bashar Al Assad.

El régimen ha respondido con violencia a esas demandas y, según la ONU, han muerto en el país unas 2.700 personas en esa represión.