Abraham y César Torres efectuaron hace cuatro años su primera misión a México con el propósito de entregar alimentos y suministros escolares a niños pobres en un orfanato en Chihuahua.

Durante la visita que hicieron en época calurosa a ese estado desértico, ambos hermanos notaron de inmediato la falta de zapatos entre unos 40 chicos que se les arremolinaban.

"Algunos como que llevaban (zapatos), pero les faltaban suelas o las suelas estaban llenas de hoyos, algo así", dijo Abraham.

"Algunos intentaban ocultar sus pies porque sentían vergüenza, porque estaban totalmente descalzos o porque el calzado que llevaban estaba hecho trizas".

Un día, los hermanos de la localidad de Greeley advirtieron que los niños agradecían la comida y algunos suministros, pero lo que en verdad les emocionaba y hacía sonreír era un par de zapatos nuevos.

"Salta a la vista la emoción en sus caras", dijo Abraham. "Recibir un par de zapatos es mejor que recibir comida. Aunque apriete el hambre, el calzado es importante".

Abraham, de 29 años, y César, de 27, regresaron a Greeley con el deseo de continuar su proyecto y centraron sus esfuerzos en la recaudación de dinero para la compra de zapatos.

Esta acción se convirtió en la semilla de su misión caritativa llamada Zapatos Sin Fronteras (Shoes Without Borders) que en los últimos cuatro años ha dotado de calzado a casi 1.000 niños en México y Guatemala.

Abraham Torres recibió en fecha reciente un reconocimiento entre los seis finalistas del noveno Premio de Liderazgo Adulto Hispano de los Rockies de Colorado, que se entrega cada año, y que atrajo 60 nominaciones a nivel estatal. La candidatura de Abraham la hizo su empleador, Viva Colorado. Abraham recibió el reconocimiento antes de un partido de los Rockies en el Campo Coors, que se disputó el 9 de septiembre.

En enero, los hermanos viajaron a Rodeo, Guatemala, donde el suministro de agua entubada a las casas es un lujo y donde muchos lugares carecen de electricidad. Ambos compraron zapatos y los entregaron a 350 chicos además de distribuir alimentos a unos 700 menores.

Igual como han hecho en otras misiones — hace tres años visitaron Ciudad Juárez, México, una localidad inmersa en los últimos años en violencia relacionada con el narcotráfico — y pasaron todo un día dibujando los perímetros de las siluetas de los pies de los chicos en pedazos de papel.

Los menores se sintieron especiales de inmediato. Después ambos hermanos preguntaron a los niños de qué color les gustarían los zapatos. Los rostros de los chicos se iluminaron.

"Las sonrisas en las caras de los chicos hace que esto sea especial para mí", dijo César. "Es irresistible. Cuando llegamos a estos lugares agrestes y en malas condiciones los niños nos rodean en 10 o 15 minutos. Salen de todas partes. Muchos muestran vergüenza. Algunos son muy tímidos. Otros llegan y nos abrazan".

Un vistazo rápido a las vidas de los chicos cuenta todo. Hacen largos recorridos a pie hacia y desde la escuela. Andan descalzos por todas partes.

Cuando César preguntó a un niño qué quería para Navidad, esperaba que le dijeran un "iPod", un "videojuego" o algo similar.

"Pero el chico respondió: 'un par de zapatos'''.

Los Torres se han enterado de comunidades necesitadas mediante sus contactos al otro lado de la frontera: un pastor, un jefe de bomberos o diversos amigos.

Un amigo que ayudó a los hermanos en la recaudación de dinero en Greeley y Denver es de Guatemala y les narró de las necesidades en Rodeo, donde 22 por ciento de las personas vive en extrema pobreza y el resto en pobreza. Los hermanos han destinado a la fecha unos 30.000 dólares para zapatos, suministros y viajes.

El proyecto necesita considerable tiempo y esfuerzo. Los hermanos recaudan durante el año dinero mediante lavado de vehículos, ventas de garage y donaciones de diversos benefactores. A la fecha sólo han tenido un incidente.

Hace tres años fueron a Ciudad Juárez, donde había gran despliegue de efectivos militares, y los acompañó la esposa de César, quien desconocía que estaba embarazada.

Todos viajaron a la entrega de los zapatos en camiones de bomberos que les facilitó el jefe del departamento local. Pero de regreso a la ciudad en su propio vehículo al que conducía un ex bombero de Ciudad Juárez, fueron detenidos en un puesto de control.

"Se nos aparecieron muchos soldados y todos nos apuntaban con sus armas", expresó César.

"Al final permitieron que nos marcháramos, pero nos enteramos una semana después que una familia fue muerta por no hacer alto en el puesto de inspección".

Ambos hermanos son casados y tienen hijos. Abraham tiene dos y César uno. Ambos aseguran que la realización de Zapatos Sin Fronteras les sería imposible sin el apoyo de sus esposas.

"A veces hay gastos extras que salen del bolsillo propio, lo cual implica dinero que no se destinará a la familia", dijo Abraham. "Si no se tuviera ese apoyo, (la misión) sería imposible".

La iniciativa muestra los valores con que fueron educados ambos hermanos. Sus padres les enseñaron desde muy chicos que "siempre hay algo que uno puede hacer", más allá de cualquier condición económica.

Los Torres — que tienen una hermana mayor — crecieron en Greeley, a la que consideran su casa. Sus padres también viven en la localidad.

Abraham y César viajarán en febrero en avión a otro país, Costa Rica. Conocieron hace un año en Greeley a un pastor, quien les informó de la existencia de niños que necesitan zapatos con desesperación en algunos vecindarios violentos en el país centroamericano.

Los hermanos saben que un gesto tan simple como la entrega de un par de zapatos nuevos no sólo mejora el aspecto de un niño, también le eleva la autoconfianza que reviste un artículo codiciado como es un calzado. Los zapatos también alientan el ánimo de los padres de los chicos.

"Había un señor que lloraba en una esquina cuando entregamos los zapatos en Guatemala", dijo César.

"(El señor) tenía una familia numerosa y lloraba porque nunca había tenido dinero para comprarle zapatos a su familia".

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Con información del Greeley Tribune: http://www.greeleytribune.com/