La influencia cosmopolita de Nueva Orleans, cuna de grandes escritores y afamados trompetistas, colorea estos días el Rock in Rio con una avenida de ritmos culturales y de coqueta arquitectura al estilo del célebre barrio francés de la ciudad estadounidense.

El paseo, denominado "Rock Street", está inspirado en la calle Bourbon de Nueva Orleans, considerada el corazón cultural y de la vida nocturna de la ciudad, con decenas de bares y clubes de música que le dan un cierto aire bohemio.

El Rock in Rio une la diversión a esa energía festiva con una enorme noria que se ha convertido en la opción preferida por los menos intrépidos y en un impresionante mirador desde el que se pueden contemplar los 150.000 metros cuadrados de la Ciudad del Rock.

Como si de un paseo de la música se tratase, la "Rock Street" se levanta con coloridas fachadas y coquetos balcones que dan cobijo a los sonidos del funk y del jazz, género que hizo célebre a Louis Armstrong, natural de Nueva Orleans y uno de los grandes genios de la trompeta.

La calle, en constante ebullición durante las siete noches de concierto, se transforma al entrar la madrugada en una sala de música al aire libre, al estilo de los clubes más distinguidos, con el inicio de las sesiones en la pista electrónica.

La "Rock Street" pierde parte de su espíritu musical con establecimientos comerciales que restan brillo a la vibrante calle, que en sus 400 metros es sede de negocios tan estrafalarios para un festival como un salón de belleza, una frutería o una agencia de viajes.

El agobio que produce adentrarse en la calle del Rock, colapsada a diario por miles de personas que pasean por ella como si fuese una atracción turística, se mitiga con una descarga de adrenalina al subirse en la "free fall", una caída libre a toda velocidad desde 17 metros de altura.

Sea por sus animados y agradables conciertos o por la curiosidad de adentrarse en un área alejada del bullicio de los escenarios principales, la "Rock Street" es uno de los rincones favoritos del público, que en ocasiones busca refugio ante tanto meneo en sus zonas de descanso.

La calle, además, tiene la misión de calentar el ambiente con actuaciones que a diario comienzan tras la apertura de la Ciudad del Rock, por la que en las siete noches de música pasarán unas 700.000 personas, eufóricas por el regreso del festival a su ciudad de origen después de diez años.

El amor cautivó el sábado pasado la "Rock Street" con la boda de una pareja que se casó en la célebre calle para rubricar su pasión y declarar su predilección por el rock con una noche de nupcias al calor de los sonidos de Red Hot Chili Peppers, que ese día actuó en el festival.

La diversión y el buen ambiente reinarán en la "Rock Street" hasta el domingo próximo, día en el que la energía que desprenden sus bares y pubs echarán el cierre a la espera de que la diversión y la música regresen a Río de Janeiro en 2013.