Los inmigrantes que realizaron tareas de limpieza en la zona cero y que luchan por recibir compensaciones por los problemas de salud sufridos se preguntaban el jueves cómo llenar el vacío dejado por la muerte de un bombero mexicano que era abanderado de esa batalla.

Rafael Hernández, un inmigrante de "gran corazón", no podrá ser sustituido, dijeron los hispanos que se reunieron para velarlo en una funeraria del condado de Queens.

"Hemos perdido a un líder. Nos sentimos un poco perdidos", dijo Rosa Duque, una guatemalteca de 45 años. "El llevaba la voz de los latinos, de los trabajadores como nosotros".

Hernández, de 49 años y nacido en Ciudad de México, murió el domingo en su apartamento de Queens. Su compañero de piso, el colombiano Jaime Munévar, encontró su cuerpo. Grace Brugess, portavoz de la oficina forense de Nueva York, dijo a The Associated Press que aún se desconoce la causa de la muerte y que se han de realizar varias pruebas de toxicología y tejido al cadáver.

El mexicano sufría problemas respiratorios debido a las tareas de limpieza que realizó en el lugar donde se erigían las Torres Gemelas, tras los ataques del 11 de septiembre del 2001. Hernández dedicó, sin embargo, los últimos años de su vida a ayudar a decenas de inmigrantes que, al igual que él, luchaban por compensación económica y ayuda para recibir tratamiento médico.

"Vamos a ver qué hacemos ahora, hacia dónde vamos", dijo Nayibe Padredin, una colombiana de 72 años que toma pastillas cada día para frenar fuertes migrañas y problemas respiratorios debido a la limpieza de escombros que realizó durante meses en la zona cero.

"El nos daba todas las informaciones. Nos decía que teníamos que hacer. Era un hombre tan alentado...", agregó Padredin.

Hernández, a quien le sobreviven tres hijos que viven en México, se reunía cada 15 días en el barrio de Jackson Heights para hablar ante un grupo de trabajadores llamado "Fronteras de Esperanza".

El mexicano les enseñó a rellenar formularios para solicitar ayuda financiera del estado, les acompañó a las cortes en las varias demandas a la ciudad que interpusieron y a los hospitales para recibir cuidado médico, explicaron emocionados los inmigrantes.

El jueves, el cadáver de Hernández yacía en un ataúd, rodeado de flores rojas y blancas, y varias fotos suyas. Colombianos, ecuatorianos, venezolanos y guatemaltecos le cantaron y proclamaron discursos para recodarle.

"Nuestra primera reacción a esto fue ¿y qué hacemos ahora?", dijo la venezolana Rosa Bramble-Weed. "La necesidad es grande así que debemos continuar su labor. Tenemos que seguir".

Hernández, bombero paramédico de profesión, trabajó como socorrista para la Cruz Roja mexicana. En 1999 se trasladó a Nueva York y actuó como bombero voluntario en varios estados del país. Después rescatista y limpiador de escombros en Manhattan, tras el atentado terrorista.

Decenas de personas entraban y salían de la funeraria Rivera el jueves, en el barrio de Corona, para dejar flores, rezar y acompañar los cantos de la colombiana María del Rosario Prada, quien antes del 2001 era soprano pero asegura perdió la fuerza de las cuerdas vocales limpiando en la zona zero y tragando polvo.

"El me dijo 'canta para mí cuando yo me vaya' y eso voy a hacer", dijo la inmigrante.

El cónsul mexicano para Asuntos de Protección en Nueva York, Mario Cuevas, presentó sus respetos al difunto y Bramble-Weed leyó unas palabras de parte de la familia de Hernández en México: "Aunque él ya no regrese nunca con vida a su México natal, sus consejos y su dedicación nos acompañan".

___________

Claudia Torrens está en Twitter como @ClaudiaTorrens