Rick Perry considera "inmisericordes" a sus rivales republicanos y recurrió a la raza y etnia para defender su actitud en el tema de la inmigración. Esa estrategia podría aumentar la popularidad del gobernador de Texas entre los hispanos y sus aliados aunque incomode a otros sectores necesarios para obtener la postulación presidencial.

Su estilo franco y directo a la hora de defender su política de inmigración, que algunos conservadores no hispanos consideran un baldón, ilustra las dificultades que encara Perry. Es gobernador de un estado fronterizo que durante una década ha intentado por todos los medios no enemistarse con los hispanos, la minoría racial de más rápido crecimiento en Estados Unidos.

Ahora intenta obtener la postulación presidencial por el Partido Republicano y el núcleo de sus partidarios se opone a rajatabla a la inmigración no autorizada, al igual que le pasó a George W. Bush cuando se postuló a la Casa Blanca.

El tema gira en torno a una ley texana del 2001 que él respaldó, y que permite a los hijos de personas que carecen del permiso de residencia para permanecer en el país estudiar a precios subvencionados en las universidades de Texas si cumplen ciertos requisitos, así como a su insistencia de que una valla fronteriza no es práctica para controlar la llegada de extranjeros a Estados Unidos que carecen de la debida documentación de entrada y residencia. Ambas temas fueron cuestiones candentes en los debates de los aspirantes a la postulación presidencial por el Partido Demócrata, cuando sus rivales intentaron usar la política de Perry para presentarlo como un líder débil en el tema de la inmigración.

Perry se defendió argumentando el sentido de la raza, origen nacional y lo que significa ser estadounidense: temas importantes para los hispanos, un sector demográfico clave en las urnas.

"Si mantienen que no debería educar a nuestros menores que llegaron a nuestro estado por la única razón que los trajeron sin que nadie se lo preguntara, no creo que sea usted una persona caritativa", dijo Perry la semana pasada en un debate en el que fue atacado por Mitt Romney, su principal rival, y por la representante Michele Bachmann.

Una semana antes, Perry invocó la raza y la etnia para defender la ley conocida como Texas Dream Act, por considerar que "lo más relevante es que no importa cómo suena su apellido. Ese es el estilo estadounidense".

En ambos casos, muchos hispanos concordaron con el argumento.

"Los latinos consideran esto una cuestión racial", según David Hinojosa, asesor regional del Mexican American Legal Defense and Education Fund (Fondo legal y Educativo Mexicano Estadounidense).