Los piropos le caían esta noche por docenas a "la diosa" Amparo Rivelles (Madrid, 1925), la de los ojos "de buscar piso", pero lo que le llovían sobre todo en el homenaje que le ha organizado el Instituto Cervantes eran las risas ante su exhibición de un sentido del humor tan elegante como su carrera.

"Ha sido el día más feliz de mi vida desde hace muchos años", ha agradecido.

Tantos han sido los amigos, de Nuria Espert a María Dolores Pradera pasando por Raphael y Natalia Figueroa o Lina Morgan y Julia Gutiérrez Caba; los familiares, de Luis Merlo a Amparo Larrañaga pasando por los "políticos" María Luisa Merlo o Maribel Verdú, y los colegas, de Aitana Sánchez Gijón a José Luis García Sánchez o Nati Mistral, que la hora prevista de duración se ha duplicado y sin que nadie se moviera de su silla.

"Conviene que estos actos terminen el día que empiezan", decía gozoso Luis Merlo ante el público que ha abarrotado el salón de actos del Cervantes, lleno de admiradores "profesionales y aficionados", que han seguido con devoción las anécdotas de una carrera que empezó con 14 años y que concluyó con 72. "Ay, no con 82", se corregía coqueta a sí misma la protagonista provocando de nuevo las carcajadas.

Flanqueada en el escenario por el director de cine Fernando Méndez Leite, "el que más la admira desde hace más tiempo", se proclamaba, y quien la dirigió en "La Regenta", y la periodista de El País Rosana Torres, Rivelles se ha dejado llevar, con la distancia y el regodeo que permite una carrera tan prestigiosa como la suya y un gusto por el humor tan acentuado, por los caminos que sus devotos han querido recorrer.

Una leyenda viva de la escena, una fascinante mujer moderna, apasionada, maestra y sabia, un gran ser humano, generosa, maternal, una pionera... No ha habido un elogio que no haya escuchado e incluso ha habido declaración pública de amor, la de Raphael.

"Declaro hoy mi gran pasión por Amparo, mi Amparo, y que sea lo que Dios quiera", ha dicho el cantante, una "pasión" que su mujer, Natalia Figueroa, ha soportado, según ha dicho, "con resignación cristiana" para revelar a continuación que el deseo de la homenajeada para cuando "sea mayor" es verse "monísima y comiendo nécoras".

"La actuación ha sido mi vida. He tenido la suerte de trabajar en lo que me gusta y me divierte, aunque la risa ha sido mi falta. Hoy estoy feliz", decía al comienzo del acto pero el calibre de las muestras de cariño y el tono de "alta comedia" de cada intervención hizo que cerrara el homenaje admitiendo que desde hacía "muchos, muchos años" no había pasado "un día tan feliz".

"Las he pasado canutas pero esto me compensa", señalaba, vestida con un sobrio pantalón oscuro y una camisa de seda de color crudo, y delgada como no ha estado nunca.

"Soy la actriz que más hambre ha pasado, pero porque no comía porque estaba muy gorda. Ahora como y estoy delgada. Será para irme acostumbrándome al esqueleto, que ya me queda poco", bromeaba ante una nueva explosión de carcajadas del público.

El homenaje a la "gran estrella femenina del cine español en la década de los 40", organizado por Diego Galán y con el título "La brisa de la vida", ha sido presentado por la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, que ha querido destacar que Rivelles fue la única actriz española que trabajó con Orson Wells, el papel que hizo en "Los gozos y las sombras" y la que fue su última obra de teatro, "La duda", en la que anunció que se retiraba.

La actriz ha revelado que cuando Wells le ofreció el papel le llegó el libreto en castellano pero que ella también lo quiso estudiar en la lengua del norteamericano. "Cuando llegué le pregunté 'cómo lo prefiere en español o en inglés'. Le dejé machacado. Menos mal que me dijo eso, si no, qué lío".

También ha explicado que igual que su primera aparición pública y oficial en un teatro fue en Santander, con 14 años en "Nuestra Natacha", quiso que la última fuera allí, y por eso, cuando llevaba cuatro funciones de "La duda" y ya "no podía más de dolores" en las piernas, salió a saludar y anunció a todos que esa sería, "probablemente", su última función.

"Antes de hacer el ridículo prefería dejarlo", ha admitido la actriz, que se ha declarado una mujer de "increíble" suerte y una "vergonzosa" que deseaba que se quemara el teatro o que se muriera un espectador con tal de no tener que salir a actuar y, al final, a saludar.

A esta mujer con ojos "de buscar piso", como ha revelado María Dolores Pradera que decía de ella su madre por su peculiar forma de "fijarse", nunca se le "ha antojado" casarse y está "muy contenta" de su decisión. De hecho, ha subrayado, probablemente su única hija lleva más de 40 años casada con el hombre del que se "enamoró" a los 6 años porque "nunca ha tenido que ver los problemas del matrimonio de sus padres".

"Es mi mejor amiga", ha dicho Nuria Espert, que ha contado que su amistad nació cuando interpretaban juntas "un horror de obra" y cuando vio que los periódicos titulaban "Dos grandes damas de la escena juntas" y le preguntó si aquello de "dama" le gustaba. "La" Rivelles le contestó: "prefiero eso a vetusta".

Concha Barrigós.