El entrenador de Brasil Mano Menezes necesita una victoria el miércoles contra Argentina para frenar las crecientes críticas que enfrenta por las actuaciones de la Verde Amarela bajo su comando.

Brasil y Argentina se enfrentan en la norteña Belem en la vuelta del Superclásico de las Américas, una nueva serie en que usan jugadores de sus ligas locales, luego que empataron 0-0 en Córdoba, Argentina, hace dos semanas.

El ganador se llevará el trofeo y si hay empate, se irá a una definición por penales.

Para Menezes, el trofeo es lo de menos, ya que siente la presión de una serie de resultados mediocres desde que se hizo cargo de la selección tras el Mundial de Sudáfrica 2010.

Con Menezes, Brasil ha vencido a Estados Unidos, Ucrania, Irán y Rumania, pero fracasó ante algunos de los grandes, al perder con Argentina, Francia, Alemania y empatar en casa con Holanda.

Brasil también se fue antes de tiempo de la Copa América, eliminado por penales por Paraguay en cuartos de final.

La presión aumentaría con una nueva derrota ante el clásico rival, sobre todo si se tiene en cuenta que Brasil es favorito por jugar de local y con figuras como Ronaldinho y Neymar.

Más de 25.000 simpatizantes asistieron al entrenamiento del lunes en el estadio Mangueirao, que estará abarrotado para el partido, a partir de las 9:50 de la noche (0050 GMT).

Menezes no podrá utilizar al mediocampista Paulinho, lesionado, ni al joven lateral derecho Mario Fernandes, que pidió la baja por estrés en apenas su segunda convocatoria.

Argentina no contará con el veterano armador Juan Román Riquelme, lesionado el domingo en el torneo local, pero tendrá a cuatro mediocampistas de equipos brasileños, Mario Bolatti, Andrés D'Alessandro, Pablo Guiñazú (todos de Internacional) y Walter Montillo, de Cruzeiro.