Un afgano empleado por el gobierno de Estados Unidos mató a un estadounidense e hirió a otro durante un ataque nocturno en las oficinas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Kabul, antes de ser muerto a tiros, dijeron funcionarios el lunes.

El ataque ocurrido el domingo por la noche es el más reciente episodio de un número creciente de ataques ocurridos este año por afganos que trabajan con las fuerzas internacionales. Algunos atacantes han resultado ser agentes talibanes infiltrados, mientras que en otros casos las causas han sido de índole personal.

Aproximadamente a las 8 de la noche se escucharon disparos en el ex Hotel Ariana, un edificio que según funcionarios de inteligencia es la estación de la CIA en Kabul.

La agencia de espionaje estadounidense ocupó el edificio rodeado de intensas medidas de seguridad a escasas cuadras del palacio presidencial afgano a fines del 2001 después de la invasión encabezada por Estados Unidos que derrocó al régimen talibán.

La embajada estadounidense dijo que un empleado afgano del complejo mató a tiros a un ciudadano estadounidense e hirió a otro antes de ser ultimado. "Se investiga el motivo del ataque", dijo la embajada en una declaración.

El portavoz de la embajada estadounidense Gavin Sundwall se abstuvo de señalar en qué anexo ocurrió el hecho, alegando medidas de seguridad. Agregó que el empleado afgano no estaba autorizado a portar un arma y no estaba claro cómo pudo obtener una pistola en el complejo bien vigilado.

La embajada no suministró información sobre el estadounidense muerto en el ataque y dijo que el herido fue trasladado a un hospital militar con heridas que no eran de gravedad.

Agregó que la embajada reanudó "sus funciones habituales".

El ataque se produjo menos de dos semanas después que milicianos dispararon con cohetes lanzagranadas y fusiles contra la embajada de Estados Unidos, la sede central de la OTAN y otros edificios en Kabul en un ataque que mató a siete afganos.

Ningún diplomático ni miembro de la OTAN resultó herido durante la ofensiva de 20 horas, pero deterioró todavía más las relaciones de Estados Unidos con Pakistán debido a que funcionarios estadounidenses acusaron a la agencia de inteligencia paquistaní de haber apoyado a los insurgentes a planificar y ejecutar el ataque el 13 de septiembre.