La fundación chilena "Un techo para mi país", que recibió hoy el Premio Derechos Humanos Rey de España por su labor de construir viviendas para los más necesitados en Iberoamérica, es un proyecto nacido de un sueño, según afirma uno de sus responsables, el sacerdote chileno Cristián Del Campo.

"Todo esto partió de un grupo que fue capaz de soñar y que, ciertamente, en la experiencia de encuentro con los más necesitados cambió su perspectiva, derribó prejuicios e hizo posible soñar, primero un país, Chile, y después un continente diferente", señaló Del Campo en entrevista con Efe.

Y es que, como reconoce el capellán de esta organización, "no es corriente" que jóvenes universitarios -quienes conforman los 400.000 voluntarios de "Un techo para mi país"- se fijen en los marginados.

"Especialmente en Latinoamérica, que es un continente muy fracturado, donde las diferencias sociales son muy grandes y donde los estudiantes universitarios en general son formados para ser simplemente profesionales y poder progresar en sus propias vidas", afirma.

Para Del Campo "ha sido realmente emocionante ver cómo ese sueño que nació en un grupo muy pequeño de jóvenes en Chile ahora está presente en 19 países del continente".

Creada en 1997 por un grupo de estudiantes universitarios en Chile, desde entonces sus voluntarios ya han construido 80.000 viviendas, entre ellas más de 1.200 en Haití tras el devastador terremoto de enero de 2010.

Cristián Del Campo destacó que con el galardón -que otorgan el Defensor del Pueblo de España y la Universidad de Alcalá de Henares, y que les entregó hoy el rey Juan Carlos, "creo que se ha reconocido algo que nuestra organización ha venido promoviendo y defendiendo durante mucho tiempo: que la construcción de una vivienda de emergencia es la denuncia de un derecho humano que no esta siendo respetado en nuestro continente".

"En Latinoamérica hay más de 80 millones de personas que no tienen una vivienda digna y eso es la violación flagrante de un derecho humano", insiste.

Los 400.000 voluntarios que trabajan en esta organización son todos universitarios y menores de 30 años. A esa edad dejan paso a nuevos jóvenes.

Su misión principal es construir viviendas de emergencia para los que lo han perdido todo o para los que nunca han tenido nada, pero también apoyan a esas familias en otros ámbitos, como el sanitario o el formativo.

Aunque también actúan en casos de catástrofes, como el terremoto de Haití, Del Campo destacó que "no somos una organización que trabaja primariamente en catástrofes, como por ejemplo la Cruz Roja", sino que "estamos trabajando en la catástrofe constante, ya que hay 80 millones de personas viviendo con menos de 1 dólar al día, en asentamientos".

"Nosotros con todo nuestro esfuerzo estos años hemos construido 80.000 casas, es decir, hemos llegado a 80.000 familias, ni siquiera alcanzamos el 1 por ciento, por ello nos falta muchísimo", añadió.

Del Campo destacó que "la extrema pobreza está en todos los países, lo que pasa es que está oculta, porque a muchos países de nuestro continente nos gusta más bien segregar esa situación y dejarla fuera de la ciudad, donde nadie mas lo vea".

"Por eso, en muchos casos, los jóvenes universitarios, cuando tienen la primera experiencia simplemente se sorprenden, pensaban que eso no existía en sus países y la verdad es que está y en una cantidad mucho mayor a la pensada", subrayó.

Una de las claves del éxito de la idea es que "es relativamente fácil" construir estas viviendas, que son prefabricadas, por lo que no se necesita que los voluntarios sean expertos.

"Son seis paneles que forman las paredes de la casa, dos paneles que forman el piso y todo está puesto sobre 15 cilindros de madera, pilotes que se fijan en la tierra con 15 agujeros, y cada grupo de trabajo, una cuadrilla entre 6 y 10 personas, tiene una persona que está capacitada para liderar el equipo", señaló.

Presentes ya en 19 países, quieren también entrar en Cuba, donde aún no están, por lo que van a "hacer las averiguaciones, las investigaciones para ver dónde" se necesitan en la isla esas viviendas de emergencia.

Virginia Hebrero