Ya se sabe que el Mar Muerto se está secando: el célebre cuerpo de agua salada está perdiendo casi dos metros por año. Pero lo que pocos saben es que en otra parte del lago, el problema es todo lo contrario: está rebasando su cauce, amenazando el sector turístico de la zona.

Israel está haciendo una intensa campaña para que el Mar Muerto — el punto más bajo de la Tierra y un repositorio de minerales preciosos — sea designado una de las maravillas del mundo. Al mismo tiempo, está tratando de estabilizar lo que ha tildado de "el spa natural más grande del mundo" a fin de que los hoteles en su ribera sur no se vean inundados y los turistas puedan seguir bañándose en sus aguas terapéuticas.

Si no se resuelve el problema, "en cinco ó diez años, (el agua) inundará los lobbies de los hoteles, no cabe duda", dijo Alon Tal, uno de los expertos contratados por el gobierno para hallar una solución.

El Mar Muerto se bifurca en dos cuencas: una en el norte y una en el sur, con elevaciones distintas y separadas. Por lo tanto, las aguas excedentes de la parte sur no pueden simplemente vertirse en la cuenca norte para aliviar su sequía.

El desbordamiento de la parte sur se debe principalmente a la intensa industrialización de la zona, pues las empresas químicas han instalado tanques de evaporación a fin de extraer los ricos minerales del lago. Millones de toneladas de sal cada año quedan depositadas en el piso de estos tanques, lo cual sube el nivel del agua unos 20 centímetros (8 pulgadas) anualmente.

Los ministros israelíes de turismo y protección ambiental apoyan la propuesta más costosa de Tal, que costaría unos 2.000 millones de dólares. La propuesta consiste en cortar el sedimento de sal en la parte crecida del Mar Muerto y llevarla por correa industrial a la parte seca en el norte.

También exigen que Dead Sea Works Ltd., el conglomerado israelí que administra la extracción de minerales en ese cuerpo de agua, pague la factura.

"Como ellos son los que están contaminando, ellos son los que deberían pagar", opinó Roi Elisha, subdirector de la Agencia de Preservación del Mar Muerto, filial del Ministerio de Turismo de Israel.

El Mar Muerto, asociado con los sitios bíblicos Sodoma y Gomorra, penetra más de 96 kilómetros (60 millas) por Israel, la Cisjordania y Jordania. Desde los tiempos antiguos sus minerales han sido codiciados: los faraones eran embalsamados con el asfalto natural de allí y se cree que Cleopatra se colocaba lodo y sales de la zona para rejuvenecerse la piel.

Hoy en día, el lago es una de las principales atracciones turísticas de Israel. La mitad de los 3,45 millones de turistas que fueron a Israel en el 2010 hicieron una parada allí. Casi 200.000 de ellos se alojaron en algunas de las 4.000 habitaciones de hoteles que colindan con el mar. Los mismos israelíes son visitantes frecuentes: el año pasado más de 630.000 de ellos (uno de cada diez israelíes) pasó por allí.

Los ingresos por turismo en la zona del Mar Muerto ascendieron a 300 millones de dólares el año pasado, apuntalando una industria que genera miles de puestos de empleo en una zona del país que aparte de eso, ofrece limitadas oportunidades de trabajo.

Los actuales esfuerzos por preservar el Mar Muerto como una maravilla natural han atraído la atención sobre la manera en que la zona ha sido explotada por las corporaciones industriales y, paradójicamente, sobre cómo la zona depende de la industria.

La agencia israelí Dead Sea Works y una empresa jordana escudriñan el Mar Muerto en busca de potasio y otros minerales a fin de exportarlos para su uso en la fabricación de fertilizantes, cosméticos, vehículos y computadoras.

La cuenca sur, que ahora sufre desbordamiento, estuvo por un tiempo casi seca hasta que las compañías químicas entraron en la zona. En la década de 1960, la Dead Sea Works cavó un canal de 16 kilómetros (10 millas) para trasladar agua de la desbordada zona norte a la parte sur que estaba casi seca, y creó una serie de tanques de evaporación.

Al lado de esos tanques es donde están ubicados la mayoría de los hoteles israelíes, y donde los turistas se revuelcan en aguas tan densas y saturadas de minerales que es fácil flotar sobre la superficie.

Pero a medida que el agua ha ido subiendo, se ha estado colando en las playas, donde bultos de sal se asoman entre la arena y el fondo marino, blancuzco debido a la presencia de minerales, se hace visible bajo las aguas cristalinas. En una de las playas, unos escalones que llevaban al agua han quedado sumergidos y un toldo que otrora protegía del sol ha quedado totalmente bajo las aguas.

La agencia Dead Sea Works financiará parte de los gastos de extraer el salitre de los tanques de evaporación y de enviarlos a la parte norte, pero está negociando la porción con el gobierno, dijo Noam Goldstein, vicepresidente de infraestructuras de la empresa.

Grupos ambientalistas acusan a la empresa de querer lucrar por encima de la protección ecológica. Su hilera de chimeneas, tubos y grúas se impone en un extremo del lago, y sus tractores se encuentran en la cima de unas enormes montañas de potasio.

La compañía responde diciendo que sin ella, los turistas no tendrían dónde nadar, pues los hoteles están al lado de sus tanques de evaporación.

La propuesta de extraer el salitre aún aguarda una aprobación oficial.

En la parte norte el problema es exactamente el opuesto: el agua está bajando y las arenosas playas de antes han sido reemplazadas por valles escarpados, agrestes y secos.

Los malecones que antes llevaban a la orilla ahora yacen en medio del terreno baldío. En una de las playas, los visitantes deben subirse a un tranvía para llegar a la orilla.

Israel, Jordania y Siria son los responsables de la sequía en la parte norte: Han desviado el río Jordán y sus tributarios para generar más agua potable, reduciendo drásticamente la cantidad de agua que antes desembocaba en el Mar Muerto. Empresas israelíes y jordanas además bombean agua del Mar Muerto para sus tanques de evaporación.

El Banco Mundial está estudiando una antigua propuesta de llevar agua hacia la parte norte del Mar Muerto mediante un canal desde el Mar Rojo, a 160 kilómetros (100 millas) de distancia. Pero debido a que los costos probablemente ascenderán a 15.000 millones de dólares y a que no se sabe qué efectos ello tendrá en el medio ambiente, la idea del canal probablemente no será realidad en el corto plazo.

Entretanto, el gobierno israelí anunció recientemente que invertirá 2,5 millones de dólares para promover la inclusión del Mar Muerto entre las Siete Nuevas Maravillas del Mundo.

Gura Berger, gerente del proyecto para el Ministerio de Turismo, dice que ganar ese concurso podría ayudar a resolver los problemas de ese cuerpo de agua e impulsar el turismo regional.

"Queremos que el Mar Muerto sea considerado una de las maravillas del mundo, de tal manera que aumentará el interés para protegerlo", declaró Berger.

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La corresponsal de la AP Dale Gavlak contribuyó a este reportaje desde Amán, Jordania.