El Congreso de Estados Unidos está dando pauta otra vez para que los desacuerdos políticos acerquen al gobierno federal al borde de la paralización.

Por segunda vez en nueve meses, los legisladores escenifican disputas y un estira y afloja sobre los planes presupuestarios. La diferencia en esta ocasión es que todos están de acuerdo en la cantidad enorme de dinero para mantener el funcionamiento del gobierno durante siete semanas más.

"Es lamentable", dijo el senador Mark Warner al programa "State of the Union" de la cadena CNN. Warner preguntó: "¿Otra vez daremos al país y al pueblo estadounidense el espectáculo de acercar al gobierno a la paralización?"

La disputa se enfoca en una pequeña parte del masivo presupuesto de cuatro billones de dólares destinada a un propósito poco frecuente: recursos federales para la asistencia a víctimas de inundaciones, huracanes, tornados y otros desastres naturales, y si parte de ese dinero debe compensarse con recortes en otros gastos gubernamentales.

Esta manera en la que maneja las crisis le ha costado credibilidad al Congreso frente al electorado: alrededor de ocho de cada 10 estadounidenses desaprueban la actuación legislativa tras la reciente crisis del tercer trimestre en torno a la deuda.

Las consecuencias fueron la rebaja que hizo una agencia calificadora a la deuda de Estados Unidos y el posterior nerviosismo en los mercados financieros mundiales.

La parálisis actual suscita la interrogante: Si los legisladores no pueden siquiera ponerse de acuerdo para ayudar a las víctimas de desastres naturales, ¿cómo van a concertar este trimestre un acuerdo para reducir gastos por 1,5 billones de dólares en medio del ambiente político presidencial y legislativa que se encuentra muy caliente?