Una delegación del Gobierno de Uruguay visitará este martes Brasil para asegurar la venta de automóviles uruguayos a la nación vecina, en riesgo por los nuevos aranceles brasileños a la importación de vehículos, incluidos los del Mercosur.

La misión, invitada por el Gobierno brasileño, fue presentada por el ministro de Industria, Roberto Kreimerman, en una rueda de prensa celebrada al final de la reunión semanal del Consejo de Ministros.

El objetivo de Uruguay es promover que los automóviles de fabricación uruguaya tengan un trato tributario similar a los producidos en Brasil.

Kreimerman aseguró que "no hay conflicto" y que el intercambio comercial entre ambos países "sigue siendo muy fructífero".

Además recalcó que a Uruguay le interesa que su socio "siga creciendo, porque es una gran locomotora".

La delegación uruguaya estará conformada por el subsecretario de Economía, Luis Porto, el titular de la Dirección Nacional de Industrias, Sebastián Torres, y el director general para Asuntos de Integración y Mercosur del Ministerio de Relaciones Exteriores, Álvaro Ons.

El ministro de Industria recordó que el intercambio comercial entre ambos países, en términos anuales, representa 3.000 millones de dólares.

Además, actualmente las exportaciones uruguayas a Brasil rondan los 1.450 millones, mientras que antes de conformarse el bloque regional en 1991 apenas llegaban a 180 millones.

Hace diez días el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, anunció un alza del 30 % a los impuestos aplicados a los vehículos importados de fuera del Mercosur y a los procedentes de este bloque comercial que no cumplan una serie de requisitos.

La medida engloba a automóviles, tractores, autobuses, camiones y vehículos comerciales ligeros y se aplicará hasta el 31 de diciembre de 2012.

Para evitar el alza tributaria los productores radicados en un país del Mercosur tendrán que utilizar un mínimo del 65 % de piezas producidas en el bloque, entre otras condiciones.

Brasil, que da un plazo de 60 días a las empresas para adecuarse al nuevo escenario, es el quinto mayor mercado mundial de automóviles y el séptimo productor.

La decisión generó inquietud en el sector automotriz uruguayo, que cada año exporta al país vecino unos 15.000 vehículos por un valor global de 150 millones de dólares y da empleo directo a mil personas.

Una de las empresas afectadas, EFFA, de capital chino, anunció el jueves pasado el cierre temporal de su planta armadora en el departamento de San José.

El presidente uruguayo, José Mujica, indicó el viernes que "la no diferenciación de las políticas para con los socios menores (del Mercosur) tiende a desvirtuar en los hechos el papel de la integración".

Una medida de ese tipo "crea evidencia a favor de quienes piensan que lo mejor es que continuemos atomizados", agregó Mujica, para quien el anuncio de Brasilia no solo es "injusto, sino también un error político porque da una señal en contra de la integración".

Antes del pronunciamiento de Mujica, se produjo una reunión en Nueva York de los cancilleres Luis Almagro y Antonio Patriota en el marco de la Asamblea General de la ONU, para tratar la cuestión.