La decisión de suspender la construcción de una carretera que enfrentó al presidente Evo Morales con indígenas del oriente no desactivó la crisis política y el mandatario está en una débil posición en un momento crucial debido a la cercanía de la realización de unas inéditas elecciones para escoger jueces y magistrados.

Morales arrasó en cinco votaciones desde que fue elegido a finales de 2005, pero su popularidad cayó desde enero pasado tras un fallido aumento en el precio de los combustibles que desató duras protestas y le obligó a derogar la medida.

En septiembre su aprobación fue del 37%, la más baja desde febrero (32, y muy lejos del 70% con que inició su segundo mandato en 2010.

Ahora, habrá que esperar a ver cómo repercute en la opinión pública la represión que la policía utilizó el domingo contra una manifestación de un millar de indígenas que rechazan la construcción de una carretera a través del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y que a mediados de agosto empredieron desde sus territorios una marcha con destino a La Paz para expresar su malestar.

El gobernante anunció el lunes su decisión de suspender la construcción de la carretera hasta que se realice una consulta con los pobladores de Cochabamba y Beni, las dos regiones que quedarían comunicadas con la vía, para saber si en su mayoría apoyan o no la obra.

La represión policial llevó a la ministra de Defensa Cecilia Chacón a renunciar al cargo en desacuerdo con la acción contra los indígenas. El martes dimitió también el viceministro de Gobierno, Marcos Farfán, a quien el titular de la cartera, Sacha Llorenti, responsabilizó de la violencia policial contra los indígenas. La directoria de Migración, María René Quiroga, también dijo que dejaba el cargo en repudio al desalojo que dejó varios heridos.

El 16 de octubre, Bolivia realizará por primera vez y bajo lineamientos de la Constitución promovida por el actual gobierno, las elecciones de jueces y magistrados por voto popular y pondrán en juego la fortaleza de Morales ante una creciente campaña de la oposición que quiere convertir los comicios en un plebiscito sobre la gestión presidencial.

El gobierno tiene razón de estar nervioso si consideramos que los habitantes amazónicos que se oponen a la carretera en la selva, que anticiparon su intención de continuar su trayecto hasta La Paz, reciben apoyo de otros indígenas en el oriente que mantienen cortada una ruta, así como marchas, huelgas y vigilias que se realizan en solidaridad en varias ciudadades.

El ministro de la Presidencia, Carlos Romero, al enterarse del llamado que hizo la Central Obrera Boliviana (COB) de realizar un paro el miércoles en apoyo a los indígenas reprimidos y para rechazar el violento desalojo de la manifestación, expresó que "ya no se justifica mantener movilizaciones y quienes están en eso lo hacen por cálculo político".

Las convocatorias del COB, si bien han perdido fuerza en los últimos años, todavían abarcan al magisterio público, los salubristas y una parte del sector minero.

En un mensaje al país el lunes en la noche, Morales lamentó la violencia policial ejercida contra los indígenas y se mostró más conciliador, contrastando con sus desafiantes apariciones públicas de las últimas semanas.

Al profesor universitario y analista político Carlos Cordero le parece que "el presidente vive en una burbuja. Estaba más ocupado defendiendo al gobierno de Libia y proponiendo que Palestina sea un estado independiente que en los problemas del país"

Ese distanciamiento de la realidad sumado a la "teoría de la conspiración", de culpar de los problemas a otros, como la derecha, a Estados Unidos o las organizaciones no gubernamentales, puede deteriorar más al gobierno, según Cordero.

Morales promueve la participación en los comicios del 16 de octubre y ha dicho que la elección será la solución a la ineficiente y corrupta administración judicial, pero la oposición le acusa de utilizarla como hicieron anteriores gobiernos.

El chance de una nueva reelección en 2014 podría verse afectado de no lograr un resultado convincente, dicen analistas.

Los indígenas del oriente y otros sectores afines le reprochan al mandatario su discurso dual y la confrontación con sectores sociales. Habla sobre el respeto a la Madre Tierra y critica el historial ambiental de los países ricos, pero en Bolivia hace otra cosa, dice el líder indígena andino Rafael Quispe.

"El gobierno no entiende la dimensión del Estado Plurinacional que el propio Morales ha creado, no respeta la diversidad y está imponiendo a los pueblos amazónicos un modelo cultural andino (aymara)", sostiene Pedro Moye dirigente nativo del oriente.

Morales es aymara, la segunda etnia después de la quechua pero la más influyente en la política. Los indígenas de tierras bajas se sienten relegados del gobierno.

El conflicto de la carretera el mandatario lo intentó resolver confrontando a opositores y defensores de la ruta, como ya hizo con otras demandas, pero esta vez parece haber tenido un alto costo político.