El apagón que este sábado dejó a oscuras la zona central de Chile puso de manifiesto que los problemas evidenciados tras el terremoto de 2010, como la fragilidad de la red de transmisión eléctrica y los fallos en el sistema de mensajería celular, aún no han sido resueltos.

El corte se produjo a las 20.32 horas locales (23.32 GMT) y dejó sin luz, durante un periodo de entre dos y tres horas, a las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana de Santiago y O'Higgins, así como a algunas zonas de Atacama y del Maule.

En total, el apagón afectó a 10 millones de personas, de los 17 millones que viven en el país.

En la mañana de este domingo, el suministro se había restablecido en el 97 % del área afectada, y los problemas persistían solo en algunas calles o sectores dispersos, según dijo el ministro de Energía, Rodrigo Álvarez, a Televisión Nacional.

El corte se produjo debido a un fallo en un transformador de la subestación de Ancoa, en la localidad de Linares, unos 300 kilómetros al sur de Santiago, lo que provocó la caída de dos líneas principales de transmisión.

La situación se vio agravada por una caída en el sistema informático que permite la recuperación automática y a distancia del suministro, y que nunca antes había fallado, por lo que esa recuperación se tuvo que hacer de forma manual y localmente.

El transformador averiado está integrado en el Sistema Interconectado Central (SIC), que abastece a la mayor parte del país.

La Superintendencia de Electricidad y Combustibles inició una investigación para determinar las causas del corte.

"Primero, hay que investigar por qué se produjo la falla eléctrica, segundo, por qué el sistema respondió técnicamente de esa forma, en tercer lugar, qué pasó con el sistema computacional", apuntó el ministro Álvarez.

Este corte volvió a poner de manifiesto la fragilidad de la red de transmisión, que el 14 de marzo de 2010 sufrió otro apagón masivo debido a la inestabilidad en que quedó el sistema tras el terremoto de 8,8 grados Richter ocurrido dos semanas antes.

El problema se originó entonces por una avería en un transformador en la subestación de Charrúa, en la región sureña del Biobío, a unos 400 kilómetros al sur de Santiago, y las autoridades advirtieron de que en los meses siguientes se podrían producir nuevos cortes.

En aquella ocasión, la red de telefonía celular se saturó, como había pasado en las horas posteriores al terremoto.

Para evitar estas situaciones y ante casos de emergencia, el Gobierno animó a los ciudadanos a utilizar los mensajes de texto para no saturar las líneas, e instó a las empresas a reforzar la estabilidad de la red, pero ayer el sistema no pasó la prueba.

"El sistema de mensajería no funcionó con la capacidad que nosotros diseñamos y estamos realizando la investigación correspondiente para entender por qué hubo estas dificultades", subrayó el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Pedro Pablo Errázuriz.

También la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi), dependiente del Ministerio del Interior, mostró una lenta respuesta ante el apagón, del que informó por primera vez en su página web cuando el suministro se había restablecido casi en su totalidad.

El año pasado, la labor de la Onemi fue duramente cuestionada por su descoordinación con un organismo de la Armada, que provocó que no se alertara del tsunami que finalmente barrió las costas del centro-sur y causó la mayoría de fallecidos en esa tragedia.

En la sureña región del Biobío se produjeron entonces saqueos y actos de pillaje.

Ayer la situación se repitió de forma aislada en la capital, donde un grupo de 200 personas aprovechó la oscuridad para saquear un supermercado en el distrito santiaguino de Quilicura.

Carabineros hizo uso de sus armas para repeler a los asaltantes, que también realizaron disparos, y un menor de 17 años resultó herido en su pierna por una bala, cuya procedencia se desconoce, aunque su vida no corre peligro.