A punto de cerrarse las taquillas del Festival de Cine de San Sebastián, los directores chilenos Renato Pérez Arancibia y Óscar Godoy presentan sus óperas primas "Anónimo" y "Ulises", que resumen en su profunda diversidad la esencia de la nueva savia de realizadores del país andino.

Según explica a Efe Pérez Arancibia, cuyo debut "Anónimo" es la obra de fin de curso que presentó a la Escuela Audiovisual de la Universidad Chilena de Desarrollo de la capital, las nuevas generaciones de cineastas han podido surgir gracias a la reaparición de las escuelas de cine, cerradas tras el golpe militar de Chile.

"Cuando terminó la dictadura empezamos a trabajar y creo que esto que podemos mostrar ahora son los frutos de esta nueva situación", señala el jovencísimo director, que aspira a lograr el premio "Horizontes Latinos" de Zinemaldia.

"Anónimo" cuenta la historia de Javier (Mario Ossandón), un hombre que intenta reinsertarse después de pasar 14 años en la cárcel y encontrar a una hija adolescente a la que no ha visto desde que ella tenía tres años, pero su familia y amigos le rechazan.

Sólo, emprende la búsqueda de esta hija que desconoce su existencia, y acaba en una pensión donde traba amistad con Amanda, una chiquilla de la edad de su hija con la que "experimenta" qué sentiría si pudiese ejercer de padre.

Pero empieza a haber una relación ambigua, "que uno empieza a ver con mal ojo por el pasado presidiario del personaje", explica el director, empeñado en contar la historia "sin juzgar y con sentido del humor, involucrando al público en la tensión del personaje".

Pérez Arancibia asegura que el tono muchas veces cómico de la película es deliberado, por cuanto lo necesita para "hacer más llevadera la historia".

Para Ossandón, "Javier lleva consigo algo que tiene que ver con los límites de la moral" y cuestiona "hasta dónde uno es humano y se puede equivocar y hasta dónde podemos lidiar con un error en la vida".

Ossandon destaca de Pérez Arancibia "la tremenda claridad" con la que trabaja este director novel, su enorme formación, rigor y orden con que lleva a cabo su cometido, un poco -dice- en la línea de los nuevos creadores chilenos, a los que interesa trabajar "desde el lenguaje, no solo desde una intrusión vaga".

Por su parte, Godoy ha explicado a Efe que con "Ulises" buscaba cambiar el punto de vista del espectador sobre una historia "mil veces contada": "Siempre miramos la historia desde la percepción del que recibe al inmigrante, y casi siempre, con una concepción paternalista que no hace sino aislar más al que llega".

Y lo dice una persona que ha sido, primero, emigrante en Venezuela, y después, en Barcelona. Quizá por ello, dice, "entiendo más al inmigrante como persona que viaja y que busca algo más".

Por ello -"no quería mostrar al pobre indiecito", reconoce-, ha seleccionado como actor protagonista a Jorge Román, un hombre alto y atractivo, de rasgos muy varoniles, a quien convierte en Julio, un educado y culto profesor de Historia que llega a la capital santiagueña intentando encontrar su lugar en la vida.

Deja para ello atrás patria, novia y familia, y busca fortuna sin mucho éxito, ya que el racismo contra los peruanos en Chile es mucho, explica Godoy, y este hombre sólo consigue trabajos de los peores pagados.

Julio, sin embargo, y a pesar de la fragilidad con la que se mueve por una ciudad hostil, mantiene la dignidad y trata de recomponer sus esquemas, asistido por el numeroso grupo de inmigrantes peruanos que se reúnen en la céntrica plaza de Armas a diario para comentar sobre su tierra.

"Mi idea era partir de un estado de indefensión del personaje en un medio que al principio parece amable, pero que no lo es tanto", afirma y argumenta que a Julio "le pasan muchas cosas, es un héroe, en cierto modo, porque al final consigue lo que quería, si bien, como decimos en Chile, fue 'tanto nadar para ahogarse en la playa".

"Ulises", remata el director, hace referencia al Ulises de Homero, ese "viajero que va y va y nunca logra volver a su hogar".