Mientras otras iglesias pierden feligreses o incluso cierran sus puertas, la del pastor Elías García está casi llena media hora antes de iniciar su servicio religioso en una tarde calurosa de domingo.

Buena parte de los feligreses son inmigrantes que no tienen autorización legal para vivir en el país.

Lo mismo sucede con su pastor.

"La gente perseguida necesita un refugio y lo están encontrando en la Palabra", dice García, fundador de una iglesia cristiana, que pertenece a la denominación Discípulos de Cristo.

Mientras otras iglesias de igual denominación en Arizona han tenido que cerrar por la partida de familias de inmigrantes, que huyen de la ley SB 1070, una dura normativa antiinmigrante, la iglesia de García sigue creciendo y cuenta hoy con 300 feligreses, comparado con los 40 que tenía cuando dio inicio hace tres años, según Job Cobos, pastor regional para los Ministerios Hispanos de los Discípulos de Cristo.

"Ha crecido mucho porque han dado una respuesta a la situación, un refugio y una esperanza", dice Cobos, quien tuvo que cerrar las puertas de tres de sus iglesias en tiempos recientes ante la partida de muchos inmigrantes asustados.

García "nos entiende más porque es hispano y tiene mucha compasión", dijo Julieta, una inmigrante sin autorización legal para vivir en el país cuyo apellido e identidad no revelamos porque la mujer teme ser deportada.

Los hispanos representan un 15% de la feligresía de los Discípulos de Cristo.

"Cada vida que ha pasado por aquí la hemos ayudado", dice el pastor García. "Muchos ya no se congregan en otras partes porque no hubo ayuda".

En parte, la ayuda provino de varias cortes federales que frenaron varias partes de la ley SB 1070, como la tipificaba como delito el estar ilegalmente en el estado o hacer delincuente a quien transportara a un inmigrante sin papeles o la que permitía a la policía encarcelar y encausar a un individuo por carecer de autorización legal para estar en el país.

Pero uno de los aspectos que entró en vigor prohibe a cualquier condado o ciudad impedir a sus policías cooperar con las autoridades de inmigración.

Así, bajo la sombrilla de los programas de identificación y deportación Comunidades Seguras y 287(g), la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) ha deportado 19.905 inmigrantes en el año fiscal 2010, que va del 1 de octubre de 2009 al 30 de septiembre de 2010. En lo que va corrido de este año fiscal se han deportado 10.317.

El primer programa permite verificar los datos biométricos de quienes son detenidos usando las bases de datos del FBI, ICE y el Departamento de Seguridad Interna, entre otros.

En el condado de Maricopa, donde está Phoenix, el 287(g) autoriza a los alguaciles a indagar sobre el estatus migratorio de inmigrantes luego de que son detenidos en las calles, generalmente por cometer violaciones de tráfico, conducir sin licencia de conducción o carecer de un documento de identificación válida.

Ello ha generado un ambiente en el que muchos inmigrantes ilegales viven atemorizados de salir a trabajar a diario pues no saben si van a regresar a casa, dice Cobos.

El pastor García también se siente "un perseguido" pues ingresó al país ilegalmente. Pero a diferencia de muchos inmigrantes, que prefieren permanecer invisibles, él no tiene temor a decir públicamente que vive sin autorización legal en el país.

"Como pastor, es lo que me toca", dice. "La Biblia dice que no nos olvidemos de donde venimos y que no nos hagamos más que otros. No tengo papeles. Digo siempre la verdad. Hay inmigrantes que se van a ver reflejados en eso. Van a salir sin temor, a lograr éxitos".

Alto, de 33 años, oriundo de Arriaga, Chiapas, y tez blanca, García dice que siente, vive y respira la realidad de muchas de las personas que integran su congregación. Es pastor desde hace tres años, y fundó la iglesia junto a su esposa Erika.

Pero eso jamás había estado dentro de sus planes. "Me vine a pasear", dijo.

En México dijo tener un buen empleo en una fábrica y que estaba a un semestre de titularse como ingeniero industrial.

La primera vez que vino a Arizona fue hace 11 años cuando llegó con una visa de turista. A la semana fue de visita a una iglesia cristiana ante las súplicas de su madre. No había pisado una desde que sus padres se separaron temporalmente.

"Sentía un vacío espiritual y en ese momento se llenó", dijo. "Me dije: de aquí soy. Y me quiero quedar".

García dejó su trabajo y sus estudios en México y se puso a trabajar de lavaplatos en un restaurante.

"Mi orgullo se me cayó al suelo", dijo. "Empecé a respetar al paletero, al que vendía zapatos y al que lavaba trastes".

Su deseo de terminar sus estudios hizo que García regresara a México por un tiempo, pero en 2001, de vuelta en Estados Unidos, fue atrapado, deportado y le prohibieron volver por cinco años.

Su esposa y el único hijo que tenían entonces se quedaron en el país, por lo que él optó por cruzar otra vez la frontera ilegalmente, aún sabiendo que si lo descubrían podrían enviarlo a la cárcel por reingresar tras una deportación.

"Dios, si me ayudas a cruzar te voy a servir, voy a trabajar en la Iglesia y voy a orar por la gente", dijo García al momento de iniciar la travesía. Lo hizo por Nogales, Sonora, a Arizona y tardó tres días atravesando el desierto.

Durante todos estos años no ha tratado de esconderse. "Si me agarran, acepto las consecuencias", dijo.

Ocho pastores de su iglesia fueron detenidos cuando viajaban a un retiro espiritual hace dos años y al comprobar que los religiosos no podían demostrar que estaban en el país legalmente llamó al ICE para que se los llevara.

García no fue apresado porque viajaba en una camioneta que no fue detenida.

La iglesia consiguió abogados y reunió 31.000 dólares para las fianzas de seis religiosos. Otros dos optaron por regresar a México.

García asegura que recibe decenas de llamadas diarias en las que le informan de detenciones de inmigrantes que viven ilegalmente en el país.

Hace unos meses, por ejemplo, tuvieron que suspender una boda: Ivón Santiago, una joven de 22 años fue detenida en su lugar de trabajo, un día antes de casarse. Dice que no hubiese podido salir adelante sin la fe y sin el apoyo que le dieron en la iglesia.

"Sé que todos somos iguales, pero siento que en la comunidad hispana es dónde estamos más unidos", dijo Santiago, quien ahora se encuentra libre y luchando contra un proceso de deportación. Durante los cuatro meses que estuvo en la cárcel recibió una lluvia de cartas de gente de la iglesia que hace poco había conocido.

En algunas ocasiones el propio García se ha colocado en el ojo del huracán como cuando se arriesgó a ir a las oficinas del controversial alguacil Joe Arpaio, famoso por sus redadas y por disfrazar y hacer desfilar a los inmigrantes, en uniformes de rayas blancas y negras, por las calles de la ciudad.

García fue con otra docena de pastores a hablar con el alguacil sobre la reticencia de las víctimas de delitos a denunciarlos porque temen ser perseguidos por la policía al encontrarse ilegalmente en el país.

"Fuimos a orar por Arpaio y gracias a Dios estamos aquí", dijo García, quien no reveló al alguacil su estatus migratorio. "Un servidor entró ahí y gracias a Dios salió".

Junto con otros 80 pastores, de diversas denominaciones, crearon el proyecto Nehemías de defensa de los derechos de los inmigrantes para que ellos asuman un papel más activo y le pidan a políticos estatales la suspensión las leyes antiinmigrantes mediante caminatas y eventos populares.

"Tenemos muchos escritos bíblicos para apoyar lo que estamos haciendo", dijo el pastor José Morales, de la Iglesia Cristiana Impacto de Fe, iglesia Pentecostal y parte de ese proyecto.

Morales citó uno de los pasajes de la Biblia, Deuteronomio 10:18, que dice: "El defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos.19 Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tú fuiste extranjero en Egipto".

El pastor regional Cobos dice que García "está enfocado en ayudar en los problemas del pueblo, en la gente que sufre, en la gente que está desamparada".

"(García) practica la teología de la liberación sin saberlo", dijo, aludiendo a la doctrina religiosa que pone énfasis en el servicio a los más pobres.

Paradójicamente, los Discípulos de Cristo que, al igual que otras iglesias evangélicas, se abstienen de involucrarse en temas que puedan ser percibidos como políticos.

Pero Cobos dijo que García puede trabajar tranquilo porque "nuestra denominación se caracteriza por darle mucha libertad al pastor".

"Yo creo que el norteamericano está mal informado en ese sentido, no conoce realmente esta problemática", dijo Cobos. "La gente piensa que los inmigrantes no pagan impuestos. Claro que sí pagan. Y ese dinero esa persona nunca lo va a recibir de regreso" en la forma de beneficios.

Mientras la iglesia de García está avanzada en la defensa diaria del inmigrante, a nivel nacional la Iglesia Católica esta más adelantada en sus pronunciamientos nacionales en contra de las leyes que afectan a los inmigrantes sin autorización para vivir en el país.

En 2003, la Iglesia Católica emitió un pronunciamiento pastoral exigiendo una reforma migratoria e involucró a sus sacerdotes en las movilizaciones masivas, pro inmigrantes, que sucedieron en 2006, 2007 y 2008.

"Es muy inusual que los miembros de la Iglesia Cristiana de los Discípulos de Cristo sean muy activos políticamente, y en particular en lo que concierne a asuntos de la reforma migratoria, porque ven eso como no estar a favor de la ley y el orden", dijo Robin Hoover, pastor anglosajón de Tucson, que fundó Fronteras Compasivas, un grupo que se dedica a colocar tanques de agua a ambos lados de la frontera para prevenir la muerte por deshidratación de quienes arriesgan la vida atravesando el desierto.

En 2010, Hoover ayudó a redactar una resolución, que fue adoptada por la iglesia de los Discípulos de Cristo a nivel nacional, pidiendo la revocatoria de la ley SB 1070.

García no tiene forma de regularizar su status migratorio sin pasar una larga temporada fuera del país. De ser detenido, espera beneficiarse con la reciente decisión de la administración de Barack Obama de dejar en suspenso las deportaciones de personas sin antecedentes penales en uso del poder discrecional del Ejecutivo.

"Corremos más riesgos que cualquier otra persona que sea un ciudadano. Tenemos más peligro de que nos quiten el carro, el trabajo. Hay que estar preparado", dijo. "Hay un dicho: El que no está preparado para morir, no sabe cómo está viviendo".