La llegada de aficionados de todo el mundo este fin de semana a Barcelona (noreste de España), donde se anuncian las que podrían ser las dos últimas corridas de toros en su plaza, trae un grito unánime de solidaridad con la queja de los que demandan la continuidad del toreo en Cataluña.

Desde México a Italia, pasando por Venezuela, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, por supuesto que también de España, viajan a la ciudad condal con la extraña sensación que produce la frontera entre la ilusión por la continuidad y el temor por la prohibición que entrará en vigor el 1 de enero de 2012, según aprobó el Parlamento catalán el 28 de julio de 2010.

Unos entienden el toreo como arte sin más, elemento identitario de la cultura española y de otros países en Europa y América donde anidó esta tradición. Otros lo ven como una forma de vida, una manera de ganarse el sustento miles de personas que participan en la organización y montaje de las corridas, de cuyo disfrute participan millones de ciudadanos.

Hay quienes encuentran en esta manifestación la fuente de inspiración para su creatividad artística, sea poética o literaria, escultural, pictórica o musical.

En definitiva, los aficionados taurinos hablan estos días de la importancia de las corridas de toros como un gran activo económico, sociológico, cultural y medioambiental.

Desde Italia, el presidente del "Club Taurino de Milano", Paolo Mosole, encabeza una delegación de más de medio centenar de aficionados que traen a Barcelona un apretado programa cultural y taurino para el fin de semana, que incluye la presentación de un libro sobre la plaza monumental.

Mosole indicó que su club va a otorgar en estas dos corridas el "XX Premio a la Emoción" instituido en 1991. "La presencia de aficionados extranjeros con una historia tan larga como la nuestra, con veintisiete años de antigüedad, es una prueba de que la fiesta de los toros es universal, que va más allá de las fronteras", apuntó.

"En un mundo cada vez más liberal, democrático y global, la prohibición de una forma de arte como el toreo es una forma de quitar derechos tantos a los hombres como a los animales, ya que el toro de lidia se cría con un cuidado del que ninguna otra raza goza", finalizó el presidente del club milanés.

Con antigüedad de cincuenta años, el "Club Taurino of London", a través de su vicepresidente Brian Harding, reivindica sus primeros pasos en la afición por lo taurino "precisamente en Barcelona. Somos el club más grande fuera de la piel del toro, y para muchos, muchísimos de nosotros, nuestra afición empezó en esta ciudad".

"Por eso nos duele tanto pensar que por razones que entendemos exclusivamente políticas, después del día 25 jamás veremos más toros en la Monumental. El año 52 de nuestra existencia, 2012, va ser un año negro. Pero venimos a Barcelona para estar con la afición española y catalana, y por supuesto del resto del mundo. Seguiremos hablando de toros y de Barcelona, pese a todo", finalizó el inglés.

De "expolio cultural" habla el diplomático venezolano Williams Cárdenas, presidente de la Asociación Internacional Taurina (AIT), al referirse a la prohibición que "si nada lo impide, se materializará contra el Patrimonio Cultural español, y más concretamente catalán".

"La Tauromaquia es una obra maestra del patrimonio cultural inmaterial de nuestros pueblos, y cercenar parte de ella es un ataque a la cultura. Pero además, impedir que miles de hombres y mujeres, catalanes y de todas partes del mundo, puedan ejercer su derecho a recrearse con el toreo como opción de ocio y entretenimiento es un insolente ataque a la función social que cumple este espectáculo y a nuestra libertad", precisó Cárdenas.

El mexicano Gastón Ramírez llega "desde el otro lado del charco" a presenciar las últimas corridas en Barcelona. "Un peregrinaje triste y nostálgico, como lo es todo en el efímero transcurrir de la vida y el arte. Traigo cargando los recuerdos familiares -no vividos- de Luis Freg y del Maestro -¡con mayúscula!, advierte- Armilla, héroes de Las Arenas y de esta pobre plaza Monumental que ya oye el tintineo de los cascabeles de las mulillas".

Trae Ramírez a cuestas la "íntima tristeza reaccionaria" de la que habló el poeta Ramón López Velarde, de "cuando los tiempos cambian para mal, cuando puede decirse con justicia que todo tiempo pasado fue mejor, o por lo menos más inteligente y tolerante".

En esto de los toros, recuerda el mexicano, "es indispensable saber que no hay nacionalidades ni banderas, ni zarandajas que valgan: las diversas tauromaquias son la herencia de muchos pueblos, no sólo de los españoles o los mexicanos, los dos países taurinos por antonomasia".

Y la premonición de que "mientras haya héroes y artistas la Fiesta no morirá. Podrá refugiarse por un tiempo en tierras menos agrestes, pero un día volverá por sus fueros a Cataluña".

Visiblemente contrariada por la prohibición, una "aficionada empedernida", como ella misma se define, la presidenta del Club Taurino de Nueva York, Lore Monning, reclama "respeto democrático" para la tauromaquia, pues "como arte y diversión, es de libre elección".

Monning hace también un viaje largo "para apoyar a Barcelona, a Cataluña entera, y por supuesto a España. Somos anglosajones y sumamos miles en Estados Unidos, que entendemos y amamos el toreo, y todo lo que hay a su alrededor. A Barcelona le debemos muchas satisfacciones a través de los toros. Y aquí estamos para testimoniar nuestro agradecimiento".

Por Juan Miguel Núñez