En el histórico edificio del parlamento alemán, el papa Benedicto XVI exhortó el jueves a los políticos a no sacrificar la ética en pos del poder y evocó las atrocidades nazis en su país natal como una lección de la historia.

"Nosotros los alemanes sabemos por propia experiencia" lo que ocurre cuando se corrompe el poder, dijo el pontífice en la primera jornada de su primera visita estatal a Alemania, y describió a los nazis como "una banda altamente organizada de ladrones, capaz de amenazar a todo el mundo y arrastrarlo al borde del abismo".

Pero agregó que aun bajo la dictadura nazi, los movimientos de resistencia se aferraron a sus creencias a riesgo de sus vidas, "brindando por lo tanto un gran servicio a la justicia y la humanidad".

El Papa habló durante veinte minutos en el Reichstag, que fue incendiado en 1933 en un incidente que aprovechó Hitler para consolidar su poder.

En medio de protestas aisladas en las calles y un boicot de algunos legisladores, Benedicto instó a todos los alemanes a no ignorar la religión.

"Aun hoy no hay en definitiva nada que podamos desear más que un corazón atento, la capacidad de discernir entre el bien y el mal y por lo tanto de establecer una ley verdadera en servicio de la justicia y de la paz", afirmó.

El pontífice nacido en Baviera fue recibido en el aeropuerto Tegel de Berlín por la canciller federal Angela Merkel y el presidente Christian Wulff al comienzo de su visita de cuatro días. Saludó a dignatarios de la Iglesia católica alemana y recibió un ramo de flores de un grupo de niños que hacía flamear banderas blanquiamarillas con los colores del Vaticano.

Unos veinte manifestantes se apostaron frente al aeropuerto con carteles que rezaban "Contra el antisemitismo, el sexismo y la homofobia" y "Mi cuerpo, mi elección".

Muchos consideran anticuadas las posiciones del Vaticano sobre la anticoncepción, el papel de las mujeres, la homosexualidad y su manejo del escándalo de abusos sexuales por parte de religiosos que conmovieron Alemania el año pasado.

Unos cien legisladores de partidos de la oposición boicotearon la presentación del Papa aduciendo que violaba la separación de Iglesia y Estado. Pero Benedicto habló ante un recinto casi lleno en el que invitados ocuparon las bancas vacías y recibió una ovación de pie al concluir su mensaje.

La policía calculó que solamente "varios miles" de manifestantes se congregaron en la Plaza Potsdamer, muchos menos que los previstos por los organizadores. Unos seis mil policías custodiaban el orden en la ciudad.

El Papa se reunirá con líderes de las comunidades judía y musulmana, oficiará tres servicios religiosos en tres diferentes lugares, presidirá otro servicio ecuménico con miembros de la Iglesia luterana y posiblemente se reúna con víctimas que fueron abusadas por sacerdotes.

En la víspera de la llegada del pontífice, Merkel buscó aligerar las tensiones entre los legisladores que han argumentado que permitir a Benedicto XVI dar un discurso en el Reichstag viola la separación entre Iglesia y Estado existente en Alemania.

"Nuestra nación, nuestra constitución y nuestra sociedad están ampliamente basadas en las creencias cristianas", dijo Merkel a los integrantes de su partido Unión Demócrata Cristiana en Berlín.

Expresó la esperanza de que la visita papal dé a los alemanes un "sentido de orientación en estos tiempos que ciertamente no son fáciles".