Mientras Estados Unidos y Europa intentan evitar una catástrofe económica imponiendo difíciles e impopulares medidas de austeridad, en América del Sur la tendencia ha sido la opuesta: aumentar el gasto público con miras al crecimiento.

Y nadie lo ha hecho con tanto ahínco como la presidenta argentina Cristina Fernández, quien asegura con orgullo que su gobierno hace más que cualquier otro en Latinoamérica para mejorar el poder adquisitivo de sus ciudadanos.

Fernández aumentó el salario mínimo, que ya era el más alto en la región, en otro 25% este mes. Luego aumentó las ayudas económicas para familias de bajo recursos un 23%. Además ha subido las pensiones para los jubilados y negociado alzas de sueldo para trabajadores sindicalizados en niveles similares, y ha facilitado enormes subsidios para los sectores de energía y transporte.

"Debemos ser en estos momentos del mundo, uno de los países con mejor cobertura social para nuestros niños y creo que para toda nuestra población en general, lo cual me pone muy orgullosa", expresó Fernández al decretar un aumento de 520 millones de dólares en el marco del programa de subsidios para menores que cumplen con ciertos requisitos de educación y sanidad.

Las medidas han estimulado a una economía que ya se beneficiaba de los altos precios de las materias primas. Según datos de Argentina publicados en el reporte anual del Fondo Monetario Internacional, el producto interno bruto de Argentina subirá 8% este año, el segundo del mundo detrás de China, en momentos en que muchas de las economías del planeta se encuentran aletargadas.

Sin embargo, el enorme aumento del gasto público podría estar estimulando la inflación, lo que va carcomiendo el valor del peso a un ritmo acelerado.

Oficialmente, la inflación en Argentina es de una tasa anual del 9,8%, pero incluso algunos sindicatos aliados del gobierno han expresado escepticismo por esas cifras luego de que el organismo oficial encargado de realizar las estadísticas económicas fue intervenido en 2007 por el gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner.

El FMI amonestó a Argentina en su reporte anual emitido esta semana, afirmando que hasta que no mejore la calidad de las estadísticas argentinas, usará cifras de consultores privados o de los gobiernos provinciales. Una de esas provincias, San Luis, reportó en agosto que la inflación de los últimos 12 meses era del 26%, igual a la de Venezuela.

Mientras en Washington, tanto demócratas como republicanos le temen más a la inflación que al desempleo, aunque algunos economistas sostienen que urge un estímulo del gobierno para animar el consumo y apuntalar la economía. El plan de estímulo económico de 447.000 millones de dólares presentado por el presidente Barack Obama, estará contrarrestado con 580.000 millones de dólares en recortes a programas sociales que propuso el lunes, encima de otro billón de dólares en recortes que Obama ya había aprobado.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, el miércoles recomendó medidas de austeridad para proteger a todos los países del mundo de las dificultades que se avecinan, particularmente países como Argentina que dependen en gran parte de las materias primas, cuyos precios podrían bajar de un momento a otro.

"La primera prioridad es consolidar una 'póliza de seguro interna' en los buenos tiempos", expresó Lagarde durante la reunión anual del FMI en Washington. "Cuando el crecimiento económico es fuerte y las condiciones externas son favorables, tiene sentido cortar los déficit y apuntalar las reservas. Esto resguarda fondos para las épocas difíciles y especialmente para la protección de los más vulnerables".

La región latinoamericana, en promedio, ha tenido una década bastante exitosa... casi brillante", afirmó Augusto de la Torre, el economista en jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, al inicio de su informe.

Pero agregó que los gobiernos deben recortar sus gastos a fin de protegerse de una recesión mundial. Ello ayudaría a poner fin a los ciclos periódicos de prosperidad y austeridad que se han vuelto costumbre en la región.

Sin embargo, esos recortes han sido descartados por el gobierno argentino, que sostiene que las medidas de austeridad propuestas por Estados Unidos y Europa están destinadas al fracaso.

Toda intervención macroeconómica tiene su desventaja: México ha trabajado arduamente para mantener la inflación bajo control, aun a riesgo de tener un crecimiento más lento. Brasil ha aumentado las tasas de interés a fin de ahuyentar los aumentos de precios, aunque la inversión extranjera fortalece el valor de su divisa, perjudica sus exportaciones y aumenta la inflación. El estricto control que Chile ejerce sobre los ingresos obtenidos por el cobre y oro le han acarreado huelgas nacionales a favor de aumentos para la educación.

En Venezuela, a pesar de su abundante riqueza petrolera, la economía sufre de un anémico crecimiento además de una inflación que es la más alta en Latinoamérica, bajo el sistema socialista que ha implementado Hugo Chávez.

La creación de una sociedad más equitativa ha sido una meta constante de Fernández y de su predecesor y esposo, el ahora fallecido Néstor Kirchner, desde que él comenzó a sacar a Argentina de su devastadora crisis ocho años atrás. Cuando se trata de los salarios de los argentinos, lo han logrado: el sueldo mínimo ha aumentado 10 veces durante la era de los Kirchner, a 550 dólares al mes, uno de los más altos del mundo, aunque los sueldos por encima del promedio sólo se han quintuplicado, según cifras de la Fundación de Investigaciones Latinoamericanas en Buenos Aires.

También, la cantidad de trabajadores en Argentina que reciben el sueldo mínimo ha aumentado significativamente, gracias a los esfuerzos del gobierno por reducir el tamaño de la economía informal: de 50% en el 2003 a 34% hoy.

"Esta es la esencia del modelo kirchnerista", expresó Nuria Susmel, un economista de la fundación. "Pero todo tiene un precio: la mayor parte de los que ganan más del sueldo mínimo están con sueldos que no han crecido tanto".

Y la inflación sigue ganándole a los sueldos: el aumento del 50% aprobado para el programa de asistencia infantil hace dos años ha quedado eliminado por una inflación acumulada del 51%, según las cifras de San Luis.

Algunos expertos han opinado que Grecia debería adoptar "la estrategia argentina": devaluar la divisa y abandonar el euro, y dejar que la inflación eventualmente merme el valor de los salarios y las prestaciones sociales.

"Desde un punto de vista político, es bastante tentador ya que permite la aplicación de medidas de austeridad sin tener que responsabilizarse por ello. Incluso deja abierta la posibilidad de aumentos graduales en el gasto social", pero los beneficios políticos a corto plazo quedarían contrarrestados por el perjuicio a largo plazo contra el progreso social, según un estudio del Instituto Argentino de Desarrollo Social en Buenos Aires.

Al defender su política de medición de precios, el gobierno ha multado a firmas consultoras con 500.000 pesos (123.000 dólares) por publicar listas de precios que no considera exactas. La mayoría de los economistas no publican directamente sus cifras por temor a ser multados.

No obstante, el aumento de 25% en el sueldo mínimo es la "aceptación tácita de que la inflación de verdad es de 25%", opina Fiona Mackie, quien monitorea los asuntos macroeconómicos de Latinoamérica para el Economist Intelligence Unit en Londres.

"Históricamente, Argentina ha sido uno de los países más ricos de Latinoamérica, y eso se refleja en el ingreso discrecional. Uno puede comprar más bienes con los ingresos que uno tiene, y ciertamente eso se cumple más en Argentina comparado con Haití", dijo Mackie. "Pero si uno compara a Argentina con lo que era hace unos meses, también es cierto que la gente tiene menos poder adquisitivo de lo que tenía antes, ciertamente la inflación se está haciendo notar".