Desesperados por salvar a su abuela de las inundaciones que azotan el sur de Pakistán, Alí Ahmed y otros tres familiares la colocaron dentro de un gran caldero y lograron rescatarla de la crecida provocada por las lluvias monzónicas.

Los hombres nadaron durante varias horas en medio de un potente corriente, incapaces de descansar debido a la profundidad de la crecida.

"Fue la experiencia más amedrentadora de mi vida y nunca la olvidaré", dijo Ahmed, en medio de casi 30 carpas blancas levantadas en las afueras de la aldea de Pangrio, el único lugar seco en muchos kilómetros a la redonda.

Los rescatadores alcanzaron finalmente una carretera y llevaron a Rasti Bibi a un hospital en Pangrio, donde fue atendida de diarrea aguda, dijo Ahmed. La aldea, al igual que gran parte de la provincia de Sindh, está cubierta por el agua.

Las autoridades paquistaníes desconocen cuántas personas sigue atrapadas por la crecida que comenzó en agosto tras las severas lluvias monzónicas que han afectado por lo menos a 5,4 millones de personas.

En Sindh, las inundaciones mataron por lo menos a 220 personas, dañaron o destruyeron unas 665.000 viviendas y desplazaron a más de 1,8 millones de personas, según Naciones Unidas. La vecina provincia de Baluchistán fue igualmente afectada.

La familia de Bibi logró salvarla hace tres semanas, pero los otros 300 miembros de su aldea, Suleman Hamadani, fueron rescatados hace apenas unos días por el ejército, contó Ahmed.

Los soldados de la fuerza aérea que realizaron el rescate dijeron que descubrieron a los lugareños cuando llegaron al lugar en lanchas.