Casi cuatro décadas de la convulsa historia de Oriente Medio, vistas desde la atalaya privilegiada del balcón de su casa en Beirut, son el hilo conductor del nuevo libro del veterano periodista Tomás Alcoverro, decano de los corresponsales españoles en esa región.

"La historia desde mi balcón", que se presenta hoy en Madrid y es un compendio de las más de siete mil crónicas enviadas por Alcoverro a la redacción del periódico barcelonés "La Vanguardia" desde 1970, es un título metafórico, "pero sólo en parte", como destaca el autor en entrevista con Efe.

"Por una parte es una metáfora y por otra parte no lo es. Y es que, como yo vivo en un sitio muy céntrico de Beirut, al lado del hotel Commodore, que es el lugar donde ocurrían las cosas en el Líbano, las pude ver directamente", cuenta Alcoverro.

Recuerda que por allí pasaron los protagonistas de "una historia muy atropellada del Líbano", de la guerra civil libanesa (1975-1990). Pasaron los palestinos, Arafat, que utilizaba el hotel para recibir a gente o dar conferencias de prensa, los israelíes, luego vino la época siria, cuando el hotel se cerró y se convirtió en un retén sirio.

"Más recientemente, con la guerra de 2006 entre Hizbulá y los israelíes, la casa de al lado del hotel estaba llena de refugiados del sur que huían del conflicto, y en el 2008, cuando hubo un golpe de fuerza de Hizbulá, que ocupó la parte musulmana de Beirut, debajo de mi balcón estaban los carros de combate del Ejército del Líbano", añade.

En todos esos años fue testigo de momentos históricos, pero también vivió otros "de miedo": "en los años del terror en Beirut, del 85 al 87, se mataba por las calles pero se secuestraba también, sobre todo a los pocos occidentales que quedaban en la parte musulmana de la ciudad, profesores de la universidad americana y periodistas".

"En mi edificio secuestraron a dos vecinos, un francés y un británico, y aunque España era un país virgen en Oriente Medio, antes de enviar las tropas a Irak, y yo no tenia por qué pensar que podría ser una víctima, la situación de caos y anarquía no dejaba a salvo a nadie.

Entre los momentos históricos destaca "la salida de Arafat de Beirut, en el verano del 82. Salió por el puerto en ruinas, era la salida de toda la resistencia palestina del Líbano, pero a pesar de irse derrotado salía con seguridad e incluso empaque, y lo más impresionante, con una guardia de honor de soldados norteamericanos".

Toda esa historia, y la de otros países de la región, como Siria, Irak, Egipto o Irán, se ha ido plasmando en las personales crónicas de Alcoverro, la mayoría de las cuáles "no son políticas, sino más bien impresiones, retratos".

Excepto las que ha dedicado a los recientes acontecimientos de "la primavera árabe", dictadas por la extraordinaria actualidad, la mayoría de las crónicas recogidas en el libro pertenecen a la otra categoría.

El reportero recuerda una acerca de "la ciudad de las viudas" creada en Bagdad por el ayuntamiento, una visión poco conocida sobre esas mujeres tan vulnerables, las viudas, de las que "hay millones en Irak", debido a las muchas guerras que ha sufrido el país.

Otros "retratos" captados por la pluma de Alcoverro son el del "último ermitaño, colombiano que vive perdido en las montañas en el Líbano", el de un chico que hace "streaptease" en Beirut o el de una sastrería en la sureña ciudad libanesa de Tiro, "una especie de ágora donde debaten sus clientes, diplomáticos de Beirut o militares, y que yo novelo de alguna manera".

Sobre Siria, aparece otra crónica- retrato sobre "el último cuentista" que dos veces a la semana lee para los parroquianos en un cafetín situado detrás de la mezquita de los Omeyas.

Aparte de las crónicas fechadas en países de la región, hay otras "colgantes", como las define el periodista, entre ellas una nacida de "mi sorpresa cuando estuve en Nicaragua y vi que allí la élite económica del país son los palestinos cristianos, sobre todo originarios de Belén".

Son todas ellas crónicas con el estilo literario de los corresponsales, ya que -señala Alcoverro- "si los periódicos pueden justificar su existencia en este inmenso océano de información es por los reportajes, las crónicas, por el hecho de que se vuelva un poco a lo que era la prensa escrita de antes, dando un punto de vista más personal, y por qué no, más emotivo".

"Eso es lo que tiene que hacer el periódico: lo creo y lo reivindico", afirma.