Los festivales de cine acercan las estrellas a la gente, pero este año en San Sebastián todo es especialmente mundano, con Michael Fassbender llegando en moto al certamen, Glenn Close cambiando los grandes restaurantes por unos pintxos o Frances McDormand comprando melocotones.

Mientras la gran diva del cine francés Catherine Deneuve llega y no llega para presentar el cine de su descubridor, Jacques Demy (ya ha aplazado su cita con San Sebastián dos veces), parece que los caprichos de estrella este año han sido el único recorte positivo del festival.

Michael Fassbender, el actor más deseado del festival especialmente después de mostrar sus encantos en la película "Shame", hizo aparición por fin a altas horas de la madrugada en San Sebastián, tras haber tomado como opción para llegar no el barco o el avión, sino la moto.

Desde Mickey Rourke en "Rumble Fish" y como si fuera el Marlon Brando de "The Wild One", nunca una motocicleta había arrancado tantas hormonas al personal, que espera su llegada aunque su cinta ya ha quemado todas sus proyecciones en el Zinemaldia.

Otra estrella que evitó el avión, que no es plato de su gusto, fue Julie Delpy que llegó con anécdota desde París, donde tomó el tren nocturno a la cercana localidad francesa de Biarritz para llegar a presentar en San Sebastián su "Le Skyalab".

En las primeras horas de la mañana, justificaba entre risas su cara de sueño porque un hombre había entrado en su compartimento por error y la confundió con su novia, llegando a tantear a oscuras la cama en la que la protagonista de "Blanco" dormía plácidamente. Puestos a equivocarse...

Glenn Close, otra de las grandes estrellas del festival con su Premio Donostia, anuló su reserva en uno de los mejores restaurantes donostiarras porque prefirió irse de pintxos como los donostiarras de pro. Estaba en San Sebastián poco tiempo y prefería mezclarse con sus gentes.

El jurado, en cambio, tiene tiempo para todo. Así, a Frances McDormand se la ha podido ver eligiendo los mejores melocotones en una frutería en las inmediaciones del Kursaal, mientras su compañera de deliberaciones Sophie Okonedo, la protagonista de "Hotel Rwanda" (2004), le sujetaba el paraguas, que en algo se tiene que notar que la actriz de "Fargo" es la presidenta del grupo que elegirá la Concha de Oro.

Pero para poder discutir sin que nadie les moleste, los miembros del jurado también van al famoso restaurante Arzak, donde McDormand le requisó al director español Álex de la Iglesia el celular para que dejara de twittear por una vez. En cuanto lo recuperó, él mismo contó a sus "followers" la anécdota.

A pesar de este gesto de disciplina, el jurado oficial a veces llega tarde como todo hijo de vecino, hasta el punto de retrasar la proyección de una de las películas en competición, con el consiguiente enfado de la platea.

Y no es que sea algo nuevo en él, pero Julian Schnabel hacía años que no pasaba por el festival y, si bien ya no lleva los pareos que le diseñaba su expareja, ahora prefiere lucir monos de pintor de brocha gorda, calcetines blancos con un dibujo de la Virgen y un smartphone "customizado" con un auricular efecto "vintage".

Además, las entrevistas para promocionar su filme "Miral", "porque él lo vale", ya que no está en el programa del festival, las da tirado en el suelo de la terraza del Maria Cristina.

Definitivamente, el glamour está por los suelos.

Mateo Sancho Cardiel.