La recuperación económica de Bulgaria avanza a paso de caracol... pero nadie se queja.

Millones de gasterópodos se alimentan en los trebolares de una granja engordando a gusto para satisfacer un apetito creciente por los caracoles en Europa.

La demanda en París, Roma y Madrid está cerca de su nivel récord después de haber declinado durante la depresión económica mundial, y Bulgaria ambiciona competir con otros importantes exportadores como Grecia y Turquía.

Stancho Totov se ocupa del cultivo de los caracoles cerca del pueblo de Krushovitsa, en el norte de Bulgaria. El negocio está tan floreciente que está invirtiendo en maquinaria para extraer el muy rentable caviar: los huevos de caracol que son una de las delicias más preciadas en los restaurantes franceses.

Las grandes firmas de cosméticos también pagan millones de dólares anuales por las secreciones de los caracoles que contienen ingredientes importantes para las cremas que combaten las arrugas.

Totov, de 39 años, que tiene un título en economía, decidió hace una década abandonar el flojo mercado laboral y dedicarse al cultivo del caracol.

Junto con Ognyan Kirovski, un ingeniero de 48 años, empezaron el negocio o "aventura", como dice Totov. Los socios invirtieron todo lo que tenían para comprar equipos, contratar a una docena de trabajadores de tiempo completo y estudiar el cultivo de caracoles.

"Los primeros dos años fueron sumamente difíciles y muchos habrían abandonado, pero nuestra testarudez dio sus frutos", dijo Totov.

Ocho años después, los dos pioneros han logrado expandir su producción a casi 100 toneladas por temporada.

En Bulgaria, el cultivo de caracoles ha permitido a muchos agricultores sobrevivir la depresión económica. Esta nación balcánica es la más pobre de la Unión Europea, con un salario mensual promedio de 340 euros (480 dólares) y un desempleo del 11,4%.