Georgia ejecutó a Troy Davis el miércoles en la noche por el asesinato de un policía fuera de servicio, un delito que negó haber cometido hasta el final, mientras sus simpatizantes en todo el mundo lloraban y declaraban que un hombre inocente había sido ajusticiado.

Desafiante hasta el final, les dijo a los familiares de Mark MacPhail que la muerte de 1989 no era su culpa. "No tenía un arma", insistió.

"Por aquellos que se llevan mi vida", dijo Davis a los oficiales en la prisión, "que Dios tenga piedad de sus almas. Que dios bendiga sus almas".

Las autoridades confirmaron la muerte de Davis, de 49 años, a las 11:08. La inyección letal comenzó unos 15 minutos antes, después de que la Suprema Corte rechazó un aplazamiento.

La corte no comentó sobre su orden, la cual llegó unas cuatro horas después de que recibiera la solicitud y más de tres horas después de la hora en que estaba planeada la ejecución.

Aunque la defensa de Though Davis informó que siete de nueve testigos clave en su contra refutaron todo o partes de su testimonio, los jueces estatales y federales le negaron en repetidas ocasiones otorgarle un nuevo juicio.

Mientras las derrotas en la corte se acumulaban el miércoles, el ofrecimiento de Davis para tomar el polígrafo fue rechazado y la Junta de Perdones y Libertad Condicional le negó una audiencia más.

Horas antes, un supremacista blanco, miembro de una pandilla, fue ejecutado en Texas por el asesinato hace 13 años de un hombre negro que fue encadenado a una camioneta y arrastrado hasta morir en una calle de asfalto irregular.

Lawrence Russell Brewer, de 44 años, fue declarado muerto a las 6:21 de la tarde, 10 minutos después de que habían inyectado en su cuerpo las drogas letales.

La muerte de James Byrd Jr., de 49 años, en Jasper, Texas, fue uno de los crímenes de intolerancia más siniestros en la historia reciente de ese estado.

Las apelaciones en favor de Brewer fueron agotadas y no hubo intentos de último momento para salvarle la vida.

Además de Brewer, John William King, de 36 años, también fue condenado a muerte por el asesinato de Byrd, que conmovió la opinión pública por su brutalidad. La condena y sentencia de King siguen en apelación. Un tercer acusado, Shawn Berry, de 36, fue sentenciado a cadena perpetua.

Los partidarios de Davis organizaron vigilias en Estados Unidos y Europa declarando "Soy Troy Davis" en letreros, playeras e internet. Algunos trataron medidas más desenfrenadas, como pedir a los trabajadores de las prisiones quedarse en casa e incluso colocar en internet el número telefónico de un juez esperando que la presión de la gente lo haría frenar la inyección letal. El presidente Barack Obama esquivó los llamados para involucrarse.

"¡Ellos dicen condenados a muerte; nosotros decimos de ninguna manera!", gritaban manifestantes afuera de la prisión Jackson donde Davis fue ejecutado. En Washington, un grupo de personas afuera de la Corte Suprema gritaba lo mismo.

Unos 700 manifestantes se reunieron afuera de la prisión y una decena de policías antimotines se mantuvo vigilante, pero la multitud se dispersó cuando caía la noche y el resultado se volvía evidente.

La escena se volvió inquietantemente callada mientras se conocía la decisión de la corte, con los manifestantes abrazándose, llorando, rezando y sosteniendo velas mientras rodeaban a la familia de Davis.

Laura Moye de Amnistía Internacional dijo que la ejecución debería ser "el mejor argumento para abolir la pena de muerte".

"El estado de Georgia está a punto de demostrar por qué al gobierno no se le puede confiar el poder sobre la vida y la muerte", añadió.

Renate Wohlwend, del consejo de la Asamblea Parlamentaria de Europa, destacó las dudas que hay sobre la sentencia de Davis.

"Llevar a cabo este irrevocable acto ahora sería un terrible error que podría llevar a una trágica injusticia", dijo la funcionaria.