El Berlín católico y el aconfesional aguardan la primera visita de Joseph Ratzinger como papa a la capital alemana con gestos de protesta, desde la manifestación contra su discurso ante el Bundestag (Parlamento) a la convocatoria de oficios paralelos por parte del sector crítico del catolicismo.

Una reproducción de la portada del 20 de abril de 2005 del diario "Bild" con la frase "Wir sind Papst" -"Nosotros somos papa"-, estampada en formato gigante en la fachada del rotativo más leído de Europa saluda la visita de Benedicto XVI a su país natal.

El mensaje eufórico, que retoma el titular del día siguiente de su elección como sucesor de Karol Wojtyla, contrasta con las críticas previstas al discurso que pronunciará en el Parlamento, por considerarse que rompe el principio de neutralidad religiosa de la casa.

Ya en 2005, su proclamación fue recibida con decepción por parte del ámbito católico germano, que hubiera preferido que la "fumata bianca" hubiera anunciado como nuevo papa a un representante de su ala modernizadora, como el entonces presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Karl Lehmann.

"Millones de católicos separados y casados de nuevo, así como millones de personas de otros grupos, esperan del papa un mensaje liberador", afirmaba al semanario "Die Zeit", el presidente alemán, Christian Wulff, católico practicante casado en segundas nupcias.

Wulff será el encargado de recibir mañana a Ratzinger, como ocurre en cualquier otro jefe de Estado de visita oficial en la capital alemana. Otro católico, el recién reelegido alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, socialdemócrata homosexual declarado, actuará asimismo de anfitrión de Benedicto XVI en la alcaldía.

El presidente alemán aludía en sus declaraciones a "Die Zeit" al hecho de que la Iglesia católica sigue negando la comunión -y el resto de sacramentos- a los divorciados que se vuelven a casar.

Wowereit, por su parte, ha expresado estos días sus simpatías por la manifestación de mañana y lamentado no poder participar, debido a sus obligaciones de anfitrión. Sí estarán en la marcha algunos del centenar de diputados de la oposición socialdemócrata, verdes y La Izquierda que boicotearán la sesión del Bundestag.

La concentración, convocada por colectivos homosexuales y movimientos laicistas y a la que se esperan unos 15.000 asistentes, es uno de los actos de protesta que salpicarán la visita del papa, junto con otros de la izquierda radical y diversos grupos.

Asimismo celebrarán oficios religiosos paralelos movimientos católicos críticos como -"Wir sind die Kirche" (Nosotros somos Iglesia)-, mientras que una parroquia evangélica ha anunciado su disposición a "prestar" su templo a dos párrocos homosexuales católicos suspendidos de servicio por el Vaticano.

Dicha parroquia evangélica, St. Thomas, está justamente en Kreuzberg, el barrio multiétnico por excelencia de la capital, donde Benedicto XVI pernoctará por estar en él la nunciatura berlinesa.

Entre el vecindario de Kreuzberg, con alta concentración de población inmigrante y donde encuentra la mayor mezquita de Berlín, se ha acogido como una afrenta los cortes de tráfico y restricciones derivadas de los dispositivos de seguridad del papa.

Fuera de las especificidades de ese distrito, en Berlín la población católica es minoría -un 9,3 %, sólo levemente superior al 9 % de la musulmana y muy por debajo del 30,18 % de media del país.

La Iglesia dominante es, desde tiempos de la Reforma, la evangélica, a lo que se une el periodo de aconfesionalidad que practicó la República Democrática Alemana (RDA) en el este del país.

Ratzinger tiene ante sí una compleja misión pastoral en su tercera visita a Alemania, tras el multitudinario recibimiento que tuvo en Colonia, unos meses después de suceder a Wojtyla y en ocasión del Congreso Mundial de la Juventud, o un año después, al visitar su Baviera natal, el "Land" (estado federado) más católico de Alemania.

Por Gemma Casadevall