La argentina "Abrir puertas y ventanas", la chilena "Sentados frente al fuego" y la brasileña "Girimunho" llegaron hoy a San Sebastián (norte de España) para mostrar la diversidad del cine latinoamericano, con sus historias íntimas de amor y verdad, mezcladas al 50 por ciento.

La historia de "Girimunho" parte de un hecho real ocurrido en una aldea perdida en el norte del Estado de Minas Geráis, en el Sertao.

Bastu, a sus 81 años, ha perdido a su esposo, Feliciano, y solo tiene a su nieta Branca como única compañía, una joven que sueña con irse a la ciudad y estudiar.

Los consejos de la abuela, las historias escuchadas, los pequeños actos cotidianos y los sucesos que acompañaron el rodaje, explican sus responsables, Helvècio Marins Jr. y Clarissa Campolina, fueron modulando la historia y proporcionando la naturalidad que precisaban.

"No había planificación cotidiana para el rodaje, pero sí lo hicimos en el tiempo de la protagonista, manteniendo el orden cronológico: era el tiempo de ellos, no el nuestro", apunta Campolina.

Ambos directores, que proceden del mundo documental, han hecho una bella historia a medio camino entre lo real y el cuento, llegando a tener como referencia, explica Marins, a "Gimaräes Rosa, o Gabriel García Márquez".

La naturaleza también es un personaje en "Sentados frente al fuego", un drama estático que el chileno Alejandro Fernández Almendras ha llevado a Monte León, San Nicolás, Portezuelo, Chillán, Yumbel, Concepción y Tomé.

"La película -dice el director en declaraciones a EFE- es ante todo una historia de amor, pero no en el sentido clásico, ya que no se ocupa del principio o del final de una relación, sino que es la lucha cotidiana de un hombre contra lo inevitable".

Daniel es un peón que vive con su esposa enferma, Alejandra, a la que no le queda mucho tiempo de vida.

Pero eso no es problema para que vivan intensos momentos de intimidad y de amor, y compartan los más pequeños detalles cotidianos: desde alimentar a un gatito abandonado a ir en busca de la nieve para probar un trineo, que jamás cumplirá su cometido.

Durante la investigación de "Huacho" (2009), el anterior largometraje de Almendras, "alguien" le contó la historia "de una pareja muy parecida a esta". "Y -agrega- pensé que Alejandra Yañez, que no es actriz profesional, sería ideal para este trabajo".

Yañez apoya a "su" Alejandra: "ella está sufriendo, pero tiene el apoyo de la persona que quiere, entonces, tiene suerte y no, porque se muere, pero sabe que debe disfrutar a la contra. Sabe que llega al término, pero eso no le impide disfrutar".

El realizador, que se dio a conocer con "Lo que trae la lluvia" (2006) en el Festival de Berlín y está en San Sebastián en la sección Zabaltegi Nuevos directores, opina que lo que distingue al cine chileno de otros es la diversidad: "trabajamos todos los géneros, la oferta es muy variada y eso me parece superinteresante", ha dicho.

También se vio hoy "Abrir puertas y ventanas", una delicada e intensa película argentina que entra en competición en "Horizontes Latinos", escrita y dirigida por Milagros Mumenthaler y protagonizada por las estupendas María Canale, Martina Juncadella y Ailín Salas.

Son tres nietas de una abuela recién fallecida que luchan por incorporar esa pérdida a sus vidas sin que ninguna de ellas sea capaz de compartirlo abiertamente.

La abuela, una profesora de universidad que las crió en ausencia de sus padres, es una presencia constante en la casa y en sus vidas, cada una de las cuales precisa su ritmo para asimilarlo.

El tiempo, el cariño, los celos de hermanas, la asunción del pasado a través de pequeños detalles, retazos y, sobre todo, canciones -impresionante la escena de las hermanas en un sofá escuchando la música favorita de la abuela muerta- van creando un tejido bello e íntimo que define muy bien el nuevo cine argentino.

Alicia G. Arribas.