A propósito de la llegada del presidente de Iran Mahmoud Ahmadinejad a Nueva York este lunes para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, hallo y leo un artículo de la prensa iraní sobre la expansión en los lazos económicos entre ese país y Bolivia. El contenido - que un funcionario boliviano de visita en Iran exhorta a este país a construir una manufacturera de tractores en la nación andina - es informativamente mediocre. Pero el espíritu y la circunstancia lo dicen todo.

La nota, escrita al estilo de los comunicados que hace años repetía verbatim la prensa oficialista soviética, pertenece a la agencia informativa iraní PressTV.ir, una publicación oficialista, parte desde 2007 del estatal Islamic Republic of Iran Broadcasting.

A pesar del aspecto propagandístico, la nota refleja correctamente la magnitud de los esfuerzos de expansión de la política de la república islamista en América Latina y la importancia que tiene para Teherán propagar la difusión de esa política.

Desde antes de la elección de su presidente Mahmoud Ahmadinejad en agosto de 2005, pero con más ahinco desde el advenimiento de aquel, Iran ha estrechado relaciones con naciones latinoamericanas como Venezuela, Bolivia, Brasil y Ecuador.

Para Iran, el esfuerzo tiene sentido como una manera de desafiar la influencia de Estados Unidos y Europa, rechazar presiones diplomáticas y afianzar su reclamo a una hegemonía como potencia regional, así como a la legitimización de un régimen visto por muchos como propiciatorio del extremismo islámico.

¿Pero qué sentido tiene para los mencionados gobiernos?

Históricamente, la incrementada presencia iraní en el subcontinente hispano coincide con el ascenso del poder por la vía electoral de líderes carismáticos, de una izquierda ya institucionalizada, de lideres independistas, apoyados por organizaciones populares y promotores del desarrollo de sus naciones y de la justicia social.

En el caso de Brasil, la vía autónoma y el liderazgo de quienes en su juventud fueron revolucionarios socialistas como Lula da Silva y Dilma Rousseff lo ha llevado al desarrollo económico.

En ese marco, buscan cautelosamente alejarse de la hegemonía estadounidense. Quizás por ello hayan elegido, o aceptado, a Iran como socio. Quizás, porque las ventajas económicas de una alianza como esa son desechables.

Pero en lugar de beneficiarlos, esta elección o aceptación, esta relación con un gobierno déspota, estridente y extremista, los condena.

Hace unos años volví a mi país natal, la Argentina, después de treinta años de ausencia. Recuerdo que comparado con la visión de mi infancia, Buenos Aires, mi ciudad, había cambiado: las calles me parecían demasiado estrechas; el simbólico Obelisco estaba desierto salvo turistas japoneses y desamparados, en la noche de Año Nuevo.

Y el edificio de la comunidad judía, donde se impartía la cultura y la enseñanza, estaba destruido.

Incrédulo, con lágrimas en los ojos, fui a visitar lo que había quedado del edificio de 7 pisos de la central comuntaria AMIA, a 200 metros de la casa de mi infancia sobre la calle Pasteur. El 18 de julio de 1994, una bomba había matado allí a 85 personas e hirió a 300, entre ellos amigos de mi familia. En 2006, Argentina acusó al gobierno iraní de haber planificado los ataques, supuestamente ejecutados por sus esbirros del Hezbollah libanés. El ya fallecido presidente Kirchner denunció a Iran ante la Asamblea de la ONU en 2007 diciendo que "Irán no ha colaborado para el esclarecimiento" del atentado.

Anteriormente, en marzo de 1992, una bomba destruyó la sede de la embajada de Israel. La organización terrorista Hezbollah asumió la responsabilidad. Del edificio en la calle Arroyo queda un memorial y como en el Muro de los Lamentos de Jerusalén, un fragmento de la pared original de la estructura. Treinta personas fallecieron y 240 resultaron heridas.

En 2008, una jueza federal estadounidense declaró a Iran responsable de este atentado por ayudar política, financiera y logísticamente a Hezbollah y determino que su gobierno pagara 33 millones de dólares a la familia de una de las víctimas que era ciudadano estadounidense.

En ambos casos el método fue manejar hacia dentro del edificio una camioneta cargada de explosivos y conducida por un suicida.

Documentos publicados recientemente por Wikileaks señalan la existencia de presiones de todo tipo para que la investigación no se aleje de Iran, pero esto no merma las quejas del presidente Kirchner ni demuestra lo contrario.

La comunidad judía argentina jamás se repuso de estos golpes terroristas. Y que los responsables no hayan llevados a juicio público es más que frustrante.

Pero no solo eso me llama atención en ese acercamiento entre gobernantes latinoamericanos progresistas, populares, representativos de sus pueblos y el gobierno de Iran.

Es que Teherán es una teocracia antidemocrática, donde tanto opositores políticos como criminales son ejecutados en la plaza pública, donde el fraude electoral permite la eternización de una camada conservadora y oligarca, donde los derechos de las mujeres son pisoteados por la ley oficial y entre 1983 y 2009 la muerte por lapidación de las adúlteras era parte del código legal , donde las violaciones a los derechos humanos son causa de una enérgica campaña por parte de Amnesty International, y donde partidos de la misma ideología que estos líderes latinoamericanos son prohibidos y perseguidos, como todos los que no aceptan el dominio de los clérigos

Mahmoud Ahmadinejad viaja este lunes a Nueva York para participar en la 66 Asamblea General de Naciones Unidas.

Seguramente, su discurso será otra vez provocativo. Aprovechando su caracter de jefe de estado y su inmunidad, probablemente utilice una vez más la tribuna más importante del planeta para difundir las mentiras más indignas, negando la misma existencia del Holocausto de los judíos - donde falleció parte de mi familia y de mi familia política - mientras que al mismo tiempo incita a terminar la tarea de Hitler con la destrucción del estado de Israel. Y aunque estoy muy lejos de aprobar las políticas del actual gobierno israelí respecto a los palestinos, la amenaza de este régimen del terror y el oprobio me ponen de su lado, solidario, hombro a hombro.

Que se difundan y glorifiquen las palabras y hechos de extremistas - como Ahmadinejad - y que se le escuche, no acerca, sino aleja cualquier tipo de solución.

Y que mis gobiernos, los de América Latina, no lo condenen públicamente, francamente, me confunde.

Gabriel Lerner es jefe de noticias de AOL Latino y HuffingtonPost LatinoVoices.

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