El barrio de Sherpur es una isla de riqueza en Kabul, una burbuja inmobiliaria de viviendas con piscina y rentas caras cuyos dueños temen que se encuentre en un tris de estallar con el inicio de la salida de las tropas extranjeras de este país.

Tras altos muros que las convierten en algo parecido a castillos, las mansiones de Sherpur son propiedad de afganos opulentos que han ganado buen dinero alquilándolas a oenegés y funcionarios extranjeros pero que han empezado a quedarse sin inquilinos.

Ajenas al conflicto local, muchas de esas casas eran puestas a disposición de las organizaciones internacionales a cambio de mensualidades que a veces superaban los 30.000 dólares y suponían un extraño contraste en un país azotado por la pobreza y la guerra.

Los planes de retirada de las tropas extranjeras, que deben poner fin a su presencia en Afganistán en 2014, ha traído sin embargo el temor a los caseros de que a los militares les sigan las organizaciones civiles que les acompañaban.

Y la amenaza ya se empieza a notar en los precios de alquiler.

"Hace dos meses alquilaba mi casa por 12.000 dólares. Luego lo bajé a 8.000, y aun así nadie llama a la puerta", dijo a Efe Fazululá, un propietario que hasta hace poco tenía como inquilinos a trabajadores de la embajada española en Afganistán.

Como otros arrendadores, Fazululá ha tenido que rebajar sus pretensiones de cobro por adelantado y, afirma, teme que la anunciada retirada de las tropas conduzca al desplome del mercado inmobiliario en los barrios ricos de Kabul.

Por Sherpur es posible encontrar ofertas de mansiones vacías, como la que ofrece Mohammad Tamim Sayeedi, con "36 habitaciones con 36 cuartos de baño propios", y un precio de 22.000 dólares sin necesidad de pagar por adelantado.

Pero a juzgar por los expertos del sector, Sayeedi tendrá que rebajar sus expectativas.

"Nuestro mercado lleva roto cuatro meses. Ninguna oenegé extranjera quiere alquilar nada", explica a Efe el agente inmobiliario Abdul Salam Rasouli.

El pasado junio, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fijó un calendario para la retirada de sus tropas desplegadas en Afganistán, y el resto de los países que integran la coalición de la misión de la OTAN se aprestaron a hacer lo propio.

En Afganistán hay en la actualidad unos 133.000 soldados extranjeros, pero cientos de organizaciones civiles y compañías de seguridad corrieron de la mano de la misión militar para hacerse con un pedazo de la tarta en las prometidas tareas de reconstrucción.

Rasouli, que gestiona ocho alquileres de lujo en Sherpur desde su pequeña oficina, reconoce que en los casos en que el precio de los alquileres eran más caros ha tenido que reducirlo hasta los 15.000 para lograr inquilinos, hasta ahora infructuosamente.

El Sherpur al que han acudido las organizaciones de ayuda y compañías privadas tuvo un nacimiento reciente: el año 2004, cuando un humilde barrio residencial fue demolido y dejó paso a viviendas para políticos, señores de la guerra y ricos hombres de negocios.

"Sherpur fue destruido por los señores de la guerra, los políticos y los traficantes de droga. Y esos ganan su dinero en nombre de la 'yihad'. Todos sabemos que su dinero no cayó del cielo", dice a Efe el ex candidato presidencial Ramazán Bashardost.

El barrio es una sucesión de fortines que nada tiene que ver con el sufrimiento del afgano medio: en la mayoría del país, un obrero gana al día entre 1,5 y 2 dólares, una cantidad apenas suficiente para su sustento e insuficiente para un alquiler decente en Kabul.

"Estoy pagando 200 dólares al mes por una habitación con una pequeña cocina, pero (mi casero) me ha dicho que o le pago 500 o me voy buscando otro sitio", cuenta a Efe en las afueras de Kabul Bahir Ahmad Nazari, padre de cinco niños.

Muchos afganos pobres culpan a la presencia extranjera de los altos precios de la propiedad en la capital, donde coexisten unas pocas bolsas de prosperidad con la extrema pobreza que asuela en general a la sociedad afgana.

La explicación puede estar en que desde la invasión del país en 2001 a Afganistán han llegado miles de millones de dólares en ayuda, pero son frecuentes las denuncias de corrupción y el turbio papel que juegan los poderes fácticos en la distribución de ese dinero.

Por Fawad Peikar