Educado en una escuela aristocrática de la campiña inglesa, el corredor de origen ghanés Kweku Adoboli era considerado por sus vecinos un joven educado y extremadamente bien vestido que trabajaba largas horas en el distrito financiero británico al mismo tiempo que llevaba un tren de lujo y una activa vida social en los mejores centros nocturnos de la capital.

Pero incluso Adoboli, de 31 años, acusado el viernes de fraude y falsificación de la contabilidad, se dio cuenta de que su estilo de vida tocaba a su fin. "Necesito un milagro", escribió en su página de Facebook horas antes de ser detenido la madrugada del jueves.

Los analistas y reguladores se preguntan ahora en qué fallaron el banco suizo y su sistema de vigilancia al no detectar el presunto fraude de Adoboli, que costará la entidad unos 2.000 millones de dólares en pérdidas.

"Nadie culpa al tigre por acechar a su presa, pero se culpa a su cuidador del zoológico por dejar abierta la puerta de la jaula", dijo Stephen Brown, profesor de finanzas de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de Nueva York.

Entre 1992 y 1998, Adoboli fue alumno de la Escuela Ackworth, fundada a fines del siglo XVIII por cuáqueros, cuya fe resalta la importancia de la honestidad y, según la página de internet del centro, pide a sus alumnos que observen un periodo de "silencio reflexivo antes de las comidas", además de asistir regularmente a los servicios religiosos.

Según Vida Yeboah, empleado de la oficina de las Naciones Unidas en Accra, la capital de Ghana, John Adoboli, el padre de Kweku, trabajó para el organismo mundial y entre sus colegas tenía fama de ser un hombre humilde y cuidadoso.

El diario londinense The Times dijo que el padre de Adoboli trabajó en Ghana, Israel, Siria e Irak, y mandó a su hijo a Inglaterra para que estudiara.

La escuela que estudió Adoboli, con una matrícula anual de 31.500 dólares, está cerca de la pequeña población de Pontefract, a unos 290 kilómetros (180 millas) al norte de Londres.

Pese a la virtud de la prudencia que le inculcó ese centro docente, Adoboli vivía en un caro apartamento en el este de Londres, muy cerca del corazón financiero de la ciudad y de su trabajo.

Philip Octave, ex casero de Adoboli, dijo que hace cuatro meses dejó su apartamento que alquilaba por 4.000 libras mensuales (6.300 dólares). "Era una persona muy agradable, muy cortés. Hablaba muy bien y vestía con gran elegancia".

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Gogoi escribió desde Nueva York y Francis Kokutse contribuyó desde Accra, Ghana, a este artículo.