Niños de escuela primaria le cantan a Susana Baca en este antiguo pueblo azucarero en el que ella y la esclavitud en Perú tienen sus raíces.

La biblioteca de la escuela ha sido nombrada en honor a Baca, que en julio se convirtió en la primera ministra de raza negra en la nación andina.

Una niña recita una loa a Baca, una rara combinación de antropóloga musical y cantante que ha estado seduciendo a las audiencias internacionales por más de dos décadas con una voz de terciopelo y bailar descalzo.

Otros cinco niños tocan complejos ritmos en cajones, instrumentos traídos por los esclavos que fueron trasladados desde Africa para cosechar caña de azúcar en el fértil valle que parte el desierto costero peruano.

Baca, de 67 años, es testimonio vivo de la constante lucha de los afroperuanos y está decidida a poner fin a la discriminación que hizo ciudadanos de segunda clase no sólo a los negros, sino también a los indígenas peruanos.

"Soy la representación de la inclusión", dice Baca, una de apenas tres mujeres ministras en el gabinete de Ollanta Humala, quien llegó a la presidencia prometiendo acabar con el monopolio de la elite blanca sobre el poder económico y social.

"Yo no odio a la gente que nos segregó, que nos castigó, que nos dañó. Solamente que no quisiera que uno más en nuestro país sienta lo que yo sentí", dijo Baca en una entrevista en su casa en Lima.

Su inexperiencia con la burocracia cultural ha causado preocupaciones entre algunos promotores del arte, académicos y administradores del enorme patrimonio arqueológico peruano, del que ella es ahora curadora en jefe. Les preocupa que Baca carece del espíritu agresivo necesario para un puesto cargado de confrontaciones políticas y burocráticas.

No hay dudas de que el estilo de Baca es la persuasión, y ella ya lo ha comenzado a usar para tratar de incrementar el presupuesto anual de 30 millones de dólares para un ministerio que apenas tiene ocho meses.

"Soy la ministra mendiga", es lo que Baca le dijo al ministro de finanzas, de acuerdo con un diario de Lima. "Ni tengo cuero para el tambor".

Baca es conocida entre los fanáticos de la música por sus sentidas interpretaciones de viejos ritmos, letras y danzas. Su sencillez la separa de la desacreditada clase política peruana.

Un reciente sondeo de Ipsos Apoyo muestra que Baca es la ministra más popular del gabinete, con una aprobación de 62%.

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Baca creció en el barrio costero limeño de Chorrillos, pero su familia proviene de Cañete, donde los jornaleros negros en la actualidad ganan poco más de 5 dólares al día recogiendo algodón y maíz.

Gracias a la perseverancia de su madre, que crió a tres hijos, manteniéndolos gracias a trabajos como cocinando y lavando ropa para los ricos en Lima, la ministra está entre el estimado 2% de los afroperuanos que tienen educación universitaria.

La situación de los negros en Latinoamérica ha mejorado muy poco desde que Baca, como niña de 5 ó 6 años, se ganó sus primeras propinas bailando en recitales en el malecón de Chorrillos.

La mayoría de los 155 millones de descendientes de esclavos africanos en la región están desempleados o se ganan la vida en el sector informal, de acuerdo con organizadores de la primera Cumbre de Afrodescendientes, auspiciada por la ONU y realizada en Honduras en agosto.

Los aproximadamente 100.000 esclavos africanos traídos a Perú trabajaron en plantaciones azucareras y minas de plata y se convirtieron en artesanos urbanos. Muchos compraron su libertad. En algún momento, formaron junto con sus descendientes más de 40% de la población de Lima.

Los negros representan ahora hasta 10% de los 29 millones de habitantes de Perú. Pero socialmente apenas han avanzado en los 157 años desde la emancipación.

"Los negros toda la vida estuvieron en miseria porque nunca tuvieron acceso a la propiedad", dijo el prominente académico afroperuano José Campos, decano de la Universidad Nacional de Educación, de la que él y Baca se graduaron.

El dictador izquierdista general Juan Velasco Alvarado expropió grandes extensiones de tierra a los ricos terratenientes a finales de los años 60, pero su redistribución solamente benefició a los andinos, no a los negros. Muchos negros emigraron a las ciudades, a menudo al continuo empleo de sus patrones blancos.

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Baca no conoció la fama hasta que alcanzó la mediana edad, cuando el ex cantante del grupo Talking Heads David Byrne la presentó internacionalmente a mediados de los noventa en su sello discográfico Luaka Bop. La fama llegó, dice, "poco a poco trabajando y subiendo cada peldaño con mucho sacrificio".

Proviene de una familia musical; algunos de sus primos formaron el grupo Perú Negro. El padre de Baca tocaba la guitarra, la madre bailaba. Aún así no consiguió ingresar a los grupos de danza y coral en primaria y secundaria.

"Yo decía 'me tienen que escoger porque yo soy la bailarina'. Yo bailaba maravillosamente bien. Lo heredé de mi madre. Entonces, yo decía 'yo voy a ser la elegida', y no fui elegida y las niñas indias y negras que habían en mi aula tampoco fueron elegidas. Yo recuerdo mi pena, mi angustia, recuerdo eso y me quedó muy hondo".

Difíciles para Baca fueron también sus primeros años como maestra de escuela primaria. Fue asignada a escuelas públicas mal equipadas en las montañas y en el distrito pobre de Cerro del Agustín, en la capital.

"Entonces sufría mucho y tiene como un ingrediente adicional que es asmática, lo cual la hace frágil", dice su esposo y apoderado, el sociólogo boliviano Ricardo Pereira.

Él no conocía a casi nadie en Lima cuando llegó a inicios de los 80, escapando de una dictadura derechista en Bolivia. Un día se encontró con un festival folclórico y vio a Baca en el escenario, por primera vez.

"Una mujer diminuta, flaquita, vestida de negro, era muy bella la letra", recuerda.

Baca era afortunada de poder cantar bien a capela, porque raramente podía formar una banda y pagar por los ensayos, dijo Pereira. Ella fue "adoptada" por poetas y músicos, durante un tiempo por Chabuca Granda, una legendaria cantante y compositora.

"Ella decía 'si tengo que cantar canciones triviales para una peña no lo voy a hacer''', dice Pereira.

Durante unos cinco años, la pareja se ganó la vida haciendo mermeladas de guayaba y membrillo que Baca le vendía a amigos.

Baca hizo giras por Brasil y Rusia, pero no le alcanzaba el dinero para grabar su propio disco. Irónicamente una sesión de grabaciones en Cuba en 1986 dada a conocer 15 años más tarde sin conocimiento de la pareja le ganaría a Baca un Grammy Latino.

La oportunidad de Baca le llegó en 1995 cuando Byrne hizo arreglos para que actuase en Nueva York, tras colocar su versión del lamento esclavo "María Lando" en su compilación "Soul of Black Peru".

Baca llegó a la ciudad con dos percusionistas y un bajista, pero sin guitarrista — le habían negado la visa estadounidense.

El diario The New York Times fue seducido, diciendo: "la voz inconfundible de Baca es tan hermosa como la mejor en estos momentos en la música popular".

Baca y Pereira muy pronto convirtieron su casa en Lima en una academia musical, contratando a profesores cubanos, ampliando su biblioteca y mudándose a una habitación en el fondo.

"Conseguimos entrenar a 50 jóvenes, pero fue desde el inicio un desastre económico", dijo Pereira.

El experimento concluyó en el 2000.

Pero eso no ha impedido que Baca siga extendiendo sus colaboraciones musicales.

Su más reciente álbum, "Afrodiáspora", mezcla estilos de influencia africana de las Américas, incluyendo Nueva Orleáns y México. Entre los músicos en el disco está René Pérez, del grupo puertorriqueño de hip-hop Calle 13.

Baca canta en el coro de la canción de Calle 13 "Latinoamérica", y se les sumó en el escenario en la ciudad peruana de Cuzco el 10 de septiembre para cantarla.

A la noche siguiente, la ministra descalza estaba bailando en un escenario en Lima. Su grupo participó en un concierto de beneficio con otros artistas para colectar ropa de invierno para los pobres en los cerros peruanos.

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Perú fue el último país grande sudamericano en crear un ministerio de cultura, aunque tenía un Instituto de Cultura desde hace dos decenios que ahora quedó absorbido por el ministerio.

"Es todavía un ministerio en pañales", dijo Santiago Alfaro, sociólogo de la Universidad Católica.

Baca está a cargo no solamente de las riquezas culturales y arqueológicas de Perú, sino también de promover el "interculturalismo", un programa poco definido y politizado que pudiera complicarse, dados los conflictos generados la furia de los grupos indígenas por la contaminación ambiental causada por la minería y la exploración petrolífera.

Sus prioridades incluyen acabar con el saqueo de los sitios arqueológicos de Perú y recuperar 1.000 volúmenes robados recientemente de la Biblioteca Nacional.

Dadas las demandas del puesto, algunos se han preguntado si Baca no debería reducir sus actuaciones. El segundo vicepresidente Omar Chehade incluso sugirió que Baca debería dejar de actuar completamente.

Cuando asumió el cargo, Baca dice, fue con el entendimiento de que ella iba a poder cumplir con sus compromisos musicales.

Baca canceló tres conciertos en California el mes pasado. Pero va a proseguir con cinco recitales en Europa a partir del 15 de septiembre.

"Es muy difícil para mi dejar el canto", dio Baca cuando se le preguntó sobre el asunto.

Y ¿por qué debería hacerlo?

Gilberto Gil no dejó de cantar cuando fue nombrado ministro de Cultura de Brasil, un puesto que mantuvo durante cinco años.

"No sé si podría vivir sin cantar", dice Baca. "Es para mi como la comida".