El primer grupo de mariachis de Oriente Medio no tiene ni una gota de sangre latina, pero en su estreno mundial en el país de las pirámides ha demostrado que, con empeño e ilusión, se puede tocar los grandes clásicos de la canción mexicana.

"Cuando escuchamos la música mariachi por primera vez, nos tocó muy adentro la intensidad de las letras de las canciones, quisimos tocarla enseguida", aseguró a Efe el violinista Mohamed Samir, tras una actuación.

A pesar de que los miembros de la banda estaban acostumbrados a cantar en español porque también han interpretado flamenco, los músicos tuvieron que ensayar durante un año para adaptarse al ritmo frenético de la música popular mexicana.

Ninguno de ellos habla español y sólo entienden algunas palabras, por lo que ha sido necesario traducir las canciones al árabe para que los intérpretes supieran lo que estaban tocando.

El cantante, Mido Farid, ha sido quien lo ha tenido más difícil porque tuvo que memorizar la letra de las canciones sin entender nada.

"Aprendí leyendo y escuchando las canciones, fue difícil pero me ayudó estar acostumbrado al flamenco y a la música gitana", dijo este joven, que se declaró fan de los Gipsy Kings y de clásicos del mariachi como "Bésame mucho" y "La negra".

Y, así, Farid no tuvo ningún problema en entonar con voz profunda y gesto seguro: "Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera sé que tendrás que llorar, dirás que no quisiste, pero vas a estar triste, y así te vas a quedar".

Esta es una estrofa de la canción "El rey", una de las interpretadas anoche durante el estreno mundial de la banda en la celebración del día nacional de México en la residencia de la embajada mexicana de El Cairo.

Tras su estreno ante mandatarios y personal diplomático, hoy la banda deberá cumplir en un concierto más informal ante el público mexicano: "Esto es sólo el principio, poco a poco iremos mejorando y con cada concierto sonaremos más mexicanos", afirmó Farid.

Luciendo con orgullo enormes sombreros mexicanos blancos, trajes negros con ribetes dorados y las botas de punta de rigor, los nueve músicos egipcios encandilaron al público con rancheras y corridos cantados con levísimo acento árabe.

Entre platos de nachos con guacamole y grandes copas de cócteles margarita, los invitados a la fiesta contemplaban divertidos y asombrados el resultado de un proyecto que cuando comenzó hace un año la embajadora mexicana, María Carmen Oñate, calificó de "empresa faraónica".

"Durante el concierto estábamos muy tensos, pero también muy alegres porque somos los primeros que interpretamos esta música en los países árabes", manifestó Farid.

La mexicana Claudia Rico, que asistió a la actuación, reconoció "el trabajo y el gran esfuerzo que hacen estos músicos" porque se trata "de una cultura absolutamente diferente con un idioma absolutamente diferente".

Rico, que vio todo el concierto desde la primera fila e incluso coreó las canciones, destacó emocionada que "escuchar las trompetas, las guitarras y los violines a tantos miles de kilómetros es como volver a estar un ratito en tu país".

Por su lado, la escritora egipcia Magda Shorba, se mostró encantada con la iniciativa de sus compatriotas: "Me gusta la música latinoamericana por el ritmo y porque es fuerte y rápida, no le veo tantas diferencias con nuestra música", aseguró.

En un momento de tranquilidad, los músicos señalaron a Efe que esto es "solo el principio" y desgranaron las sensaciones que habían experimentado sobre el escenario.

En boca de todos estaban los nervios, la alegría, el orgullo, el miedo y la satisfacción, pero fueron las palabras del trompetista Ismael Bedaq las que suscitaron más consenso en el grupo: "¡Calor!", gritó mientras intentaba abanicarse con el aparatoso sombrero mexicano y la banda en bloque estallaba en carcajadas.

Laura Millan Lombraña