Dakota Meyer, contraviniendo las órdenes recibidas, se metió en una zona peligrosa para salvar 36 vidas en una emboscada en Afganistán, acción por la cual el infante de Marina retirado fue investido el jueves por el presidente Barack Obama con la Medalla de Honor, más alta condecoración militar que otorga Estados Unidos.

En la misma acción participó el sargento Juan Rodríguez Chávez, oriundo de Acuña, México, quien recibiría la Medalla de la Armada al valor.

Mientras Meyer recibe su medalla, sus camaradas muertos serán objeto de homenajes en sus ciudades natales por pedido suyo.

"Hizo su deber con creces", le dijo Obama a Meyer después de relatar su dramática historia. Aunque el cabo y su compañero actuaban en contra de las órdenes recibidas — los comandantes consideraban su esfuerzo muy peligroso_, ellos hicieron lo que consideraron que estaba bien, dijo Obama.

El presidente le colocó la medalla alrededor del cuello a Meyer y estrechó su mano mientras la audiencia reunida en una sala de la Casa Blanca aplaudía.

A los 21 años, Meyer desafió el fuego insurgente en cinco travesías en un Humvee blindado para salvar a 13 marines y soldados del ejército y otros 23 efectivos afganos. El mismo mató a ocho insurgentes y fue herido en un brazo.

Meyer apoyaba a una patrulla el 8 de septiembre de 2009 en un poblado en el valle de Ganjgal el día de la emboscada.

El y los otros estadounidenses habían ido a la zona a entrenar militares afganos, cuando de pronto se apagaron las luces del poblado y empezaron los disparos. Unos 50 insurgentes talibanes apostados en las laderas y dentro del pueblo emboscaron a la patrulla.

El equipo pidió apoyo aéreo pero no llegaba, y Meyer, cabo en ese entonces, le pidió a su comandante entrar en combate para ayudar.

Cuatro veces le negaron el permiso antes de que Meyer, junto con el sargento Rodríguez Chávez, se subieran al vehículo y fueran a la batalla.

"Ellos les dijeron que no podían hacerlo", dijo Dwight Meyer, el abuelo de Dakota de 81 años y ex infante de Marina que sirvió en la década de 1950. "Les dijo, 'cómo no' y fue. Es algo que ocurre una vez en un millón" el hecho de que haya sobrevivido.

Meyer y Rodríguez empezaron a evacuar soldados heridos y soldados estadounidenses y afganos a un lugar seguro. Hicieron cinco viajes al área de combate en busca de sus compañeros.

Cuando Meyer y Rodrgíguez se disponían a ir una quinta ocasión, llegó un helicóptero para ofrecer apoyo aéreo.