Las fuerzas revolucionarias libias se toparon el viernes con una tenaz resistencia en su ataque a uno de los últimos bastiones de Moamar Gadafi, mientras el primer ministro turco se reunía con los nuevos gobernantes en Trípoli.

La visita del primer ministro Recep Tayyip Erdogan tiene lugar un día después que los gobernantes de Francia y Gran Bretaña viajaron a Libia en un esfuerzo de la comunidad internacional por dar legitimidad al nuevo gobierno y empezar a reconstruir el país, pese a la persistente lucha contra los leales a Gadafi, que está prófugo.

Los combatientes libios, en docenas de camionetas con armas pesadas, avanzaban desde el norte hacia el centro de la ciudad de Bani Walid, a 140 kilómetros (90 millas) al sudeste de Trípoli. Se oían explosiones y tiroteos en el área, desde donde se elevaban columnas de humo.

Uno de los combatientes, Hisham Nseir, dijo que el frente de batalla era "intenso y caótico" y que sus fuerzas enfrentaban una intensa resistencia.

El comandante Abdulá Abu-Asara dijo a la Associated Press que sus hombres estaban a unos dos kilómetros (más de una milla) del centro de Bani Walid y que el principal obstáculo era Wadi Zaytun, un valle donde están apostados francotiradores de Gadafi.

Durante su avance, los combatientes izaron la nueva bandera libia sobre un edificio abandonado y establecieron un cuartel militar en el norte de la ciudad.

"Hoy es el primer día que hemos tomado completamente esta parte de Bani Walid", dijo Abul-Asara. "Y aquí nos quedamos".

Los revolucionarios también rodean la ciudad natal de Gadafi, Sirte, al norte de Bani Walid.

Abdel Salam, un combatiente cerca de Sirte, dijo que perdieron once hombres el jueves por la noche cuando el autobús en que viajaban detonó una bomba. Agregó que por lo menos 18 han sido detenidos por partidarios de Gadafi en una emboscada a la entrada de Sirte.

Simultáneamente, la OTAN seguía atacando blancos de Gadafi.