El conflicto laboral que afecta a la NBA entra en su momento más delicado para conseguir una solución al conflicto que separa a los dueños de los equipo de los jugadores o, de no conseguirlo, ir pensando en la pérdida de partidos oficiales del calendario de la próxima temporada.

Los propietarios y el sindicato de jugadores, así como el comisionado de la NBA, David Stern, son conscientes de esa realidad y por eso confían en que la reunión que tienen prevista para mañana, martes, en Nueva York, pueda ofrecer algún avance en la dirección correcta.

La gran novedad de la nueva reunión, la tercera en menos de una semana, es que a ella llegan los equipos completos por ambas partes para que puedan tener capacidad de negociación.

Esto podría permitir que las partes hiciesen esfuerzos para acercar sus posiciones par conseguir un acuerdo que desemboque en la firma de un nuevo convenio laboral y de por concluido el cierre patronal que se inició el pasado 1 de julio.

Sin embargo, si no se avanza hacia un acuerdo o acercamiento, la posibilidad de se haya una huelga la próxima temporada estaría más cerca, dado que la pretemporada tendrá que comenzar el próximo 3 de octubre, de acuerdo al calendario original.

El presidente del sindicato de jugadores, el base Derek Fisher, de los Lakers de Los Ángeles, declaró la pasada semana: "si hay alguna intención de tratar de arrancar a tiempo, entonces ambos lados tenemos que definir algunas cosas con mucha rapidez y profesionalidad".

Tras la reunión del martes, y quizás otra el miércoles, los representantes de los dueños y el sindicato de jugadores, cada uno por su lado, tendrán que informar el jueves a sus respectivos miembros de cómo marcha la situación.

De momento, y hasta que no haya nuevas propuestas sobre la mesa, las diferencias en torno a la reducción de los ingresos salariales de los jugadores, el establecimiento de un tope salarial estricto, reducción de la duración de los contratos y no estar garantizados, son los puntos de la discordia y el desacuerdo entre las partes.