Diez años después, los familiares de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 se congregan hoy en torno a las dos imponentes piscinas que presiden el nuevo Memorial del 11-S inaugurado en Nueva York para recordar a sus seres queridos en el marco de los actos del décimo aniversario de los atentados.

Emplazadas en el lugar exacto donde se alzaban majestuosas las Torres Gemelas, las dos piscinas incluyen a su alrededor los nombres grabados en bronce de las 2.983 víctimas que murieron aquel día en Nueva York, Washington y Pensilvania, así como los de los fallecidos en el primer atentado contra el World Trade Center en 1993.

"Hace diez años, nuestras vidas cambiaron para siempre", dijo el presidente del Memorial, Joe Daniels, quien tras subrayar que el "dolor del 11-S jamás podrá ser borrado", rememoró la promesa que hicieron los familiares de las víctimas tras los atentados de "recordar por siempre" a los que perdieron la vida.

El nuevo parque, que quedó formalmente inaugurado tras años de obras y múltiples retrasos y al que sólo tuvieron acceso hoy los familiares de las víctimas, está poblado con un bosque de 400 robles en el que destaca un peral que fue rescatado de entre los escombros de las Torres Gemelas que se desplomaron aquel día.

El ensordecedor ruido de las máquinas de construcción que acompaña desde hace años las obras en la "zona cero" se interrumpió hoy por unas horas para dar paso, otro año más, a las voces de los familiares que recitan en alto los nombres de sus seres queridos, los héroes del 11-S, intercalados con seis minutos de silencio.

En esta jornada de aniversario, que transcurre bajo un sol de justicia similar al de la fatídica mañana de hace diez en que Al Qaeda atentó en el corazón del distrito financiero neoyorquino, los familiares pueden acercarse así por primera vez a las dos piscinas con caídas de agua de 10 metros para recordar a sus deudos.

Mientras tres centenares de familiares leen en alto los nombres de los fallecidos, con el sonido de fondo de un violonchelo, el resto protagonizan algunos de los momentos más emotivos del día, al fundirse en sentidos abrazos envueltos en lágrimas y portando imágenes de sus hijos, padres, hermanos y amigos ausentes.

También se puede ver a muchos de ellos calcando con papel y lápiz los nombres de sus seres queridos, haciéndose fotos y depositando flores de diferentes colores en las planchas que rodean las dos piscinas del memorial, que mañana lunes abrirá sus puertas al público con entrada limitada.

Los responsables optaron por no grabar los nombres en orden alfabético sino en nueve grandes grupos y distribuidos en función de las relaciones personales que había entre ellos, y varios dispositivos electrónicos situados en diferentes puntos del parque permitirán localizar el lugar exacto de cada víctima.

El acceso al Memorial, que abre mañana las puertas al público, es gratuito, aunque las autoridades han habilitado un sistema de reservas al que ya han accedido unas 400.000 personas, que han agotado todas las entradas disponibles para lo que resta de septiembre.

Después de años de retrasos, la silueta del nuevo World Trade Center se asoma ya en el horizonte del sur de Manhattan, en la que sobresale la llamada Torre de la Libertad, que suma ya 81 de sus 104 plantas, y que amaneció hoy con una bandera de las barras y las estrellas colgada en una de las fachadas del rascacielos.

Diez años más tarde, la palabra "zona cero" empieza así a desaparecer poco a poco del vocabulario de los neoyorquinos que prefieran hablar ya del nuevo Centro de Comercio Mundial, en el que se prevé también inaugurar otros cinco rascacielos y un intercambiador de transportes firmado por el arquitecto español Santiago Calatrava.