El jefe de la insurgencia libia llegó el sábado a Trípoli, donde recibió una bienvenida tumultuosa y con alfombra roja a fin de realzar que asume las riendas del gobierno interino que reemplazado al régimen derrocado de Moamar Gadafi.

Sin embargo, en momentos en que la nueva dirección intenta consolidar su control sobre el extenso país, partidarios de Gadafi repelieron un asalto contra la localidad de Bani Walid, uno de los últimos reductos del ex gobernante, en una señal de que el conflicto dista de haber terminado.

Mustafa Abdul-Jalil, jefe de las fuerzas del Consejo Nacional de Transición que combaten a Gadafi, aterrizó el sábado en una base áerea en las afueras de Trípoli.

Una alfombra roja deteriorada fue extendida y cientos de combatientes así como funcionarios vestidos de traje se arremolinaron hacia el avión cuando Abdul-Jalil descendía por las escaleras. Algunos hacían la señal de la V de la victoria o gritaban a coro "Dios es grande".

Abdul-Jalil fue rodeado por la multitud mientras intentaba avanzar hacia un edificio de la fuerza aérea. En un momento, dos guardias escenificaron una pelea a puños. Uno de los guardias agitó una pistola en lo alto y fue sometido por los presentes con un detector de metales y una maceta, antes de que se trasladara a Abdul-Jalil a una zona segura.

A pesar del caos, no hubo disparos.

Con la llegada de Abdul-Jalil, la ex insurgencia pretende mostrar que está lista para establecer su gobierno en la capital. Hasta ahora, la mayoría de los dirigentes del movimiento contra Gadafi se mantenían en la ciudad de Bengasi, en el este del país.

La presencia del ex jefe insurgente "significa que Trípoli es segura y que podemos mirar hacia el futuro", expresó Atia al-Mansouri, ex piloto de la fuerza aérea que figuraba entre los que aguardaban en la pista.

Las fuerzas revolucionarias ingresaron en Trípoli el 21 de agosto, seis meses después del inicio de la sublevación contra Gadafi.

La caída de Trípoli selló efectivamente el destino del régimen de Gadafi, sin embargo, Abdul-Jalil se había mantenido distante de la capital hasta el sábado. Su ausencia había puesto en duda en ocasiones la capacidad de los rebeldes para asumir el mando.

Fuentes cercanas a Abdul-Jalil dijeron que la ausencia prolongada de éste se debió a las preocupaciones en torno a la seguridad.

Aunque las ex fuerzas rebeldes han expulsado a los partidarios armados de Gadafi de Trípoli, no es del todo sólida la seguridad en la ciudad. La capital esta inundada de armas, incluidas aquellas en poder de los civiles.

Antes, mientras la prensa aguardaba la llegada de Abdul-Jalil en la base de la fuerza aérea, un grupo de combatientes escoltó un féretro de madera a un avión en las cercanías.

El ataúd contenía a un combatiente al que aniquiló el viernes un civil joven en la plaza principal de Trípoli.

El agresor sacó una pistola y disparó al pecho contra el combatiente después de que se le indicara que no podía ingresar en la plaza, dijo el combatiente Rafa al-Mogherbi, testigo del hecho.

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Al-Shalchi informó desde Wadi Dinar, Libia.