María Luisa de Pocasangre mantiene intacto el recuerdo de su hija que murió en los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 y considera que ni con la muerte de cualquier involucrado, le devolverán la vida.

Ana Gloria Pocasangre, de 49 años, casada y con cinco hijos, fue la única salvadoreña entre las víctimas de los dos aviones estrellados contra las Torres Gemelas en Nueva York. Se dedicaba desde 1983 a llevar y traer encomiendas para diferentes ciudades de los Estados Unidos.

"Muchas personas se alegran, pero la verdad nosotros qué?", se preguntó la señora de 79 años en entrevista con The Associated Press en alusión a la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011 durante una redada de un comando estadounidense en un complejo en Pakistán.

"Nosotros el dolor lo tenemos. Nosotros no vamos a regresar a nuestras víctimas", con esas muertes, agregó la señora en su vivienda de la periferia este de la capital salvadoreña.

"Me dijo: le hablo mami del aeropuerto (salvadoreño). No me llamó por alguna razón", comentó con todo pausado la madre al explicar que Pocasangre salió de El Salvador el viernes 7 de septiembre del 2001 con destino a Los Angeles y Boston.

La mañana del martes 11 de septiembre, su hija fue trasladada por una amiga al aeropuerto de Boston y abordó el vuelo 175 de United Airlines de regreso a Los Angeles, pero minutos después fue secuestrado y estrellado contra la torre sur en el bajo Manhattan.

"Mis hijos se movilizaron con (llamados a la aerolínea) United. A las 11 am de allá les confirmaron que sí, ella venía en ese vuelo secuestrado, que ella había perecido ahí", agregó la señora con la voz quebrantada.

La sala de la la vivienda está llena de fotografías de infancia de su hija, su graduación como secretaria, una pequeña foto con la frase: "Recordando los héroes del 2001" y un plato de barro con figuras de bomberos sosteniendo una bandera de los Estados Unidos.

La sala también tiene fotografías de su hijo Luis Antonio, que aseguró murió ametrallado por una unidad del ejército salvadoreño en abril de 1980, en el inicio de los 12 años de la guerra civil de este país, que concluyó en 1992 con la firma de la paz. Otra hija vive en San Salvador y otros dos viven en California.

La señora reveló que su esposo Alfredo, de 77 años, padece de depresiones "por tanto que nos ha pasado... hemos sido víctimas de terrorismo de acá, terrorismo en lo que nosotros no teníamos nada que ver" en alusión a los atentados en Estados Unidos.

Nunca ha visitado la zona cero en Nueva York y año con año, cada 11 de septiembre, la señora organiza con sus familiares en El Salvador misas en honor a Ana Gloria.

"Bueno yo a Estados Unidos (o al gobierno) no le puedo dar ningún mensaje, porque yo soy una persona humilde, pero a los familiares de tanta víctima, que se acerquen, que nos acerquemos todos a Dios y que Dios nos va a dar fortaleza", agregó.