Tom Hardy, el actor que encarna al próximo enemigo de Batman en "The Dark Knight Rises", estrena este viernes en EEUU "Warrior", un filme que propone una mirada íntima y reflexiva al mundo de las artes marciales mixtas y que le ha deparado algunas de las mejores críticas de su carrera.

Hardy es un superviviente. El intérprete inglés, que rueda actualmente las nuevas aventuras del hombre murciélago, vive un momento de oro en Hollywood. Pero para llegar aquí tuvo que superar años de delincuencia, alcoholismo y adicción a las drogas.

"Soy tremendamente afortunado. Estoy contento simplemente de estar vivo", admitió este londinense de 33 años en un encuentro con un grupo reducido de medios, entre ellos Efe. "Al principio de mi carrera probé algo la fama y acabé de bruces en rehabilitación. Diez años después estoy aquí y no pienso regresar" al pasado, añadió.

Así de tajante se muestra el musculoso Hardy, que ha tenido que aumentar más aún sus dimensiones para encarnar a Bane, el enemigo de Batman. Aunque tiene prohibido por contrato hablar sobre el filme, no dudó en explicar los motivos que le llevan a encarnar a personajes malévolos u oscuros en sus intenciones.

"Yo siempre juzgo a mis personajes. Para sacarlos adelante hay que hacerlo. Elijo las características que me inspiran o me interesan, como ocurrió con el de 'Bronson'. Encuentro las cosas que me divierten, que me hacen reír o que me dan miedo, y trato de reflejarlas para que la gente sienta lo mismo", razonó.

"Bronson" (2008), de Nicolas Winding Refn, fue recibido como su mejor trabajo en una carrera que comenzó a despuntar con papeles en la miniserie "Band of Brothers" (2001) o el filme "Black Hawk Dawn", de Ridley Scott (2001).

Tras conseguir gran popularidad al participar en "Inception" (2010), de Christopher Nolan, ahora "Warrior", según la crítica especializada, podría situar su nombre entre los premiados a final de año por su personaje del marine Tommy Conlon.

Conlon regresa a casa tras 14 años con la intención de participar en la mayor competición de artes marciales mixtas, para la que pide ayuda a su padre, su exentrenador. Todo ello por una promesa que le hizo a la pareja de un compañero caído en Irak.

El filme, dirigido por Gavin O'Connor ("Miracle", "Pride and Glory"), lo protagonizan Joel Edgerton ("Animal Kingdom"), Hardy, Jennifer Morrison (de la serie "House") y Nick Nolte ("The Thin Red Line"), quien también suena en los pronósticos para los premios.

Edgerton y Hardy dan vida a dos hermanos que no se ven desde hace años. La ruptura de la relación se dio cuando Tommy decidió abandonar el hogar junto a su madre para huir de las agresiones del padre, encarnado por Nolte. Sin embargo, su hermano optó por hacer su propia vida con la que sería su esposa en el futuro.

"Entrenamos demasiado y comimos mucho pollo", comentó un Hardy que se ejercitó practicando varias horas al día de boxeo, mai tai y jiu-jitsu, lo que sumado a los tiempos de rodaje podía traducirse en jornadas de hasta 16 horas de trabajo.

"Soy un actor, no un luchador, pero no me voy a quejar. Joel tiene muchas más escenas de lucha; yo simplemente salgo a la lona, reparto un poco y me voy", manifestó el actor acerca de la contundencia de sus golpes, que consiguen que sus peleas apenas duren unos instantes.

Los lazos familiares entre esos personajes se estrecharán por primera vez en años cuando los dos hermanos se vean obligados a enfrentarse sobre el cuadrilátero, en una pelea brutal tanto en lo físico como en lo psicológico.

El personaje de Edgerton, profesor de instituto y a punto de entrar en bancarrota, también regresa al ring en un intento desesperado por evitar el desahucio de su familia.

"En la pelea final entre los hermanos la acción física debía ser un diálogo más", comentó Edgerton, de 37 años. "El cuerpo está conectado con la mente. Debíamos conseguir que cada patada, cada puñetazo tuviera significado; eso nos llevó muchas horas e hizo que acabáramos exhaustos", agregó el intérprete.

Edgerton también siguió una dieta peculiar: bandejas de pollo y brócoli cada tres horas y batidos de proteínas entre las peleas, todo ello mientras se sacrificaba haciendo pesas desde las 7 de la mañana hasta el anochecer, seis días a la semana durante las diez semanas previas al comienzo del rodaje y mientras se alargó la producción.

Antonio Martín Guirado