El activista Sanal Edamaruku es un "cazagurús"; se dedica a hallar respuestas racionales a fenómenos aparentemente extraños para desenmascarar a santones que, con el prurito de "lo espiritual", propagan supercherías en la India.

Cada año acuden al país miles de turistas occidentales dispuestos a vagar por alguno de los centros de meditación en los que los gurús, yoguis y santones proponen soluciones para el auto conocimiento y relajación, a menudo con tarifas nada módicas.

Pero la India profunda, ajena a este fenómeno popularizado por los "hippies", es pasto de fenómenos mucho más graves y ligados a la superstición, que van desde la futurología a los remedios de curandero, e incluyen rituales con sacrificios humanos.

Contra unos y otros se alza Edamaruku, que es el jefe de la Asociación Racionalista de la India (ARI), un grupo de unos 100.000 voluntarios, dice, prestos a desenmascarar a los charlatanes que usan la credulidad popular para mantener su "prestigio espiritual".

"El problema en la India es que el hinduismo tiene un fuerte componente ritual. Y su sistema de creencias valida que con vestir una túnica naranja se te considere santo, incluso si eres un criminal", dice a Efe el "cazagurús", en su oficina delhí.

Hay, estima Edamaruku, unas 7.000 personas que dicen ser avatares o reencarnaciones de dioses, y muchos de ellos circulan por los pueblos del país en busca de adeptos con los que sustentar doctrinas que a veces desafían las recomendaciones científicas y médicas.

"Todos buscan su cuota milagrera y mucha gente está dispuesta a creer que en este país suceden cosas fantásticas", explica el cazagurús, rodeado de libros en la sede del centro racionalista, donde trabaja con tres oficinistas "comprometidos con la causa".

En su deambular, los gurús no dudan en recurrir a un catálogo interminable de "magufadas", como producir ceniza de la nada, caminar sobre carbón ardiendo, crear fuego con su poder mental, convertir el agua en sangre o levitar; en realidad, trucos.

Edamaruku adquirió fama en 2008, cuando retó en televisión a un chamán tántrico a que le matara con magia: tras horas con mantras, muñecas vudú y rituales con cuchillos, el santón fracasó porque, se excusó, el activista "rezaba a dioses secretos que le protegían".

"¡Pero si yo soy ateo!", apuntó el racionalista, que dice haber puesto en evidencia a unos 300 charlatanes y cuenta por cientos sus apariciones en platós de televisión, a menudo frente a variopintos astrólogos o santones de apariencia estrafalaria.

Los sacerdotes tántricos están entre los más peligrosos del arco espiritual en la India, porque su esoterismo incluye sacrificios rituales que según Edamaruku incluyen asesinatos de niños.

"Nos ha dicho la Policía que en estos rituales mueren 800 críos al año", asegura.

Según el activista, las autoridades -que no publican los casos para "evitar alarma social"- tienen entre 40 y 60 archivos de secuestros perpetrados por chamanes del tantra, una corriente que cree influir en las leyes racionales mediante conjuros mágicos.

Otros gurús menos agresivos adquieren notoriedad como curanderos, y dicen que las hojas de trigo curan el sida o el cáncer, que tienen soluciones para las parejas infértiles o que las embarazadas deben beber diariamente orín de vaca para cuidar la salud del feto.

La asociación ARI fue creada en el año 1950, concebida como un pequeño centro intelectual, pero fue a partir de la década de 1980 cuando sus dirigentes se plantearon la necesidad de adquirir una dimensión de masas para luchar contra la superstición.

Desde entonces, Edamaruku y sus colegas han visitado más de 1.000 pueblos y organizan cursos y seminarios en los que explican los trucos más comunes de los santones, para que sean los propios aldeanos quienes les desenmascaren durante sus ceremonias.

La pobreza endémica, el culto al líder y la educación deficiente son algunos de los factores que contribuyen a la persistencia de las supersticiones, asegura el activista, que denuncia además la connivencia que el poder tiene con gurús de todo pelaje.

"Los gurús tienen influencia y los políticos tienen miedo de luchar contra ellos. Lo que se necesita es valentía para acabar con el poder de esta gente", explica Edamaruku.

El anterior jefe de la organización espacial India (ISRO), G. Madhavan Nair, llegó a presentar en un templo una réplica de un satélite y ordenó su lanzamiento en un "momento auspicioso", lo que en realidad quiere decir que buscó consejo de algún astrólogo.

Y los racionalistas tuvieron que luchar durante 35 años para que el Gobierno de Kerala (sur) reconociera que eran sus propios funcionarios y no la divinidad la que encendía unas luces "sobrenaturales" en una colina durante el peregrinaje de Sabarimala.

"Llegaban en todoterrenos a lo alto de la colina y allí encendían tres veces unos proyectores intermitentes -recuerda Edamaruku-. Abajo, los peregrinos miraban fascinados lo que pensaban que era una manifestación de los dioses".

Diego Agúndez